
Silvio Zavala, “Igualdad Diecicochesca”, en Filosofía de la Conquista, México. Tierra Firme, 1947, págs. 107-139
por Alejandra Ponce
El capítulo habla acerca de la libertad y de las ideologías que surgieron a través de la historia a partir de la conquista de América y de cómo los pensadores tienen diferentes puntos de vista en cuanto el trato y el juicio que hay hacia los indígenas.
A partir del siglo XVIII, surgieron nuevas ideas con respecto a la igualdad y libertad humana. Los pensadores de la época abordaron algunos aspectos de la doctrina de de Aristóteles acerca de la servidumbre, como la corroboración de la creencia de igualdad original de los hombres; aunque no se desprenda de explicación religiosa que habla de la creación y que se refiera más bien a una teoría de índole científico-natural.
Buffon sostiene que la humanidad no se compone de especies diferentes entre sí, sino que, originalmente hubo sólo una raza la cual se multiplicó y se fue esparciendo por la superficie de la tierra. Es por eso que hay una variedad de especies debida a la influencia del clima, alimentación, manera de vivir, enfermedades y cruzamientos entre individuos más o menos semejantes. Ya no se menciona a Adán, ni al castigo divino como la causa de la variedad entre las razas, pero sigue subsistiendo la fe en la unidad original de la familia humana y se acepta que las diferencias son debidas a causas físicas. Es decir, se le da una visión científica al asunto.
Montesquieu afirma que la esclavitud es tan contraria al derecho civil como natural. Respecto a la esclavitud, incluye el desprecio que una nación concibe por otra la cual está fundada en las diferencias de costumbres. Es por eso que es necesario reducir la servidumbre natural a ciertos países particulares de la tierra, y por penosos que sean los trabajos que la sociedad necesite, se puede hacer todo con hombres libres. Asimismo destaca la mayor libertad con que Montesquieu trata a las autoridades. Discurre por sí mismo, en pleno ejercicio de la razón; y Aristóteles es desechado fácilmente a pesar del prestigio que tenían sus argumentos. Es por eso que dos argumentos deben destacarse: todos los hombres nacen iguales; y el cristianismo ha desterrado la esclavitud en Europa.
Juan Jacobo Rousseau da respuesta a la cuestión de cuál es el origen de la desigualdad que reina entre los hombres, y si ella está autorizada por la ley natural. También admite dos clases de desigualdad: una que llama natural o física, porque es establecida por la naturaleza, la cual consiste en la diferencia de edades, salud, fuerzas del cuerpo y de las cualidades del espíritu o del alma. La otra, que puede ser llamada desigualdad moral o política, ya que depende de una especie de convención, es establecida o por lo menos autorizada por el consentimiento de los hombres. Al final, afirma que la desigualdad en el estado de naturaleza, obtiene su fuerza y crecimiento del desarrollo de nuestras facultades y de los progresos del espíritu humano. La desigualdad moral es contraria al derecho natural siempre que no concurra en la misma porción con la desigualdad física.
De cualquier manera que se mire, el derecho de esclavitud es nulo, y no sólo porque es ilegítimo, sino porque es absurdo y no significa nada. Las palabras esclavo y derecho son contradictorias y se excluyen mutuamente. El tratado De l’Esprit se dedica a analizar la superioridad que ciertos pueblos han tenido en diferentes ciencias y artes. Esta superioridad se debe sólo a causas morales y no a que haya naciones privilegiadas en virtud, espíritu o valor. La naturaleza, a este respecto, no ha repartido desigualmente sus dones. La desigualdad del espíritu que hay entre los hombres depende de diferentes causas como el gobierno en el que viven, la época en la que nacen y la educación ya sea mejor o peor que reciben.
De varias maneras se hacen presentes los temas americanos en las obras del siglo XVIII en las actitudes dieciochescas que tocan a la igualdad y la libertad de los americanos. Primero se perciben los ecos de la contienda acerca de la razón del indio. Varios personajes describen a los indios como una raza de hombre incapaz y degenerada. Los escritos de estos personajes tales como Paulo III, llegan al conocimiento de los hombres de América, se despertaron las reacciones de defensa como el del jesuita mexicano Francisco Xavier Clavijero y otros pensadores. Ellos defendían las dotes intelectuales de los indios de América y el poder de la educación sobre los impedimentos que se decían naturales.
Es así como hubieron varias interpretaciones de este pensamiento hasta nuestra época. Nietzsche restaura el ideal aristocrático, pero también dando por buena la identidad del cristianismo con la igualdad moderna, combate ambos principios. La idea de la igualdad ante Dios es la más perniciosa de todas las valoraciones; si se consideran a los individuos como iguales, se ignoren las exigencias de la especie y se inicia el proceso que finalmente conduce su ruina.
En conclusión se comprueba el pensamiento el pensamiento referente al Nuevo Mundo, el cual no permaneció ajeno a través del tiempo siendo mayor las aportaciones oportunas y meritorias. Es por eso que es posible decir que la historia ideológica de América se enlaza con las inquietudes universales acerca de los derechos humanos, en la comunidad política y de la convivencia entre las naciones.