Samuel Ramos, “Hacia un nuevo humanismo”, en La crisis del humanismo, México, Fondo de cultura económica, 1940, pp.59-67. Por Claudia Silva
No concuerdo una vez más con muchas de las ideas que este autor presenta en el libro. Samuel Ramos nos introduce al tema de los valores, que considera que sufren una crisis en los días actuales. Como determinante de todas las ideas al respecto, el afirma que las valoraciones no son “meras apreciaciones subjetivas que sólo tienen sentido para el individuo que juzga” (pg. 59). Así que, a lo largo del capítulo, apreciamos una postura en contra del relativismo, en contra la idea de que “cada individuo es la medida de todas las cosas.
Samuel Ramos considera nuestro pueblo como uno vicioso y de malas costumbres, y que, por lo tanto, urgen los valores objetivos en nuestra cultura. Así que da las características que el cree que conforman a los valores. Afirma que “vale más -un objeto deseado- mientras más lejano está de nuestro alcance” (pg. 61). ¿No se puede poseer un objeto muy valioso? Eso es lo que parece decir él. Dice también que “los valores no son subjetivos, sino que hay actitudes viciosas, causas del error en la valoración, que pueden ser conscientemente eliminadas para lograr una visión pura de valores auténticos” (pg. 61). Nos comparte el autor también una idea que tiene en común con Scheler: “Sin una conciencia humana que apetezca y sienta, la realidad es un conjunto de seres y sucesos exentos de valor”(pg. 62). Este conjunto de ideas nos muestran la concepción sobre los valores, que divide a los valores por su parte ideal y por su parte real, como veremos adelante. Pero antes, nos encontramos también con que el autor nos presenta que cuando no hay subjetivismo, la conciencia está desprejuiciada. ¿Qué bases tiene para decir eso? Eso significaría que, sin tener prejuicios ideales, ¿conoceríamos los verdaderos valores ideales que según él, existen? Considero yo que una consciencia desprejuiciada no atribuye juicios de valor a los objetos e ideas. Más Samuel Ramos indica que quien ve la realidad ve los valores objetivamente, más allá de la voluntad, el placer o el deseo.
Para poner más en claro su concepción, compara sus ideas con las de Platón: en lugar de Ideas, hay Valores, es decir: en lugar de las ideas perfectas, hay ideales de valores únicos e inmutables, que pocos seres humanos pueden conseguir observar.
Finalmente, dentro de ésta axiología mostrada, el autor concluye con que el paso entre lo ideal y lo real es que lo ideal lo llevemos a cabo en la realidad. ¿Cómo? Si se parte de que “si algo vale, debe ser”, entonces tenemos que los valores deben ser realizados, así que, como el título del apartado indica con claridad, el deber ser, es el puente entre lo real y lo ideal (de los valores).