Juliana González, “Tolerancia y Pluralidad”, El poder de eros, México, D.F., Editorial Paidós SAICF, 2000, pp. 143 – 156

Por Ana Laura Aguilar
La tolerancia no siempre lleva en sí un sentido positivo, también lleva un sentido negativo. Por ejemplo, cuando se habla de tolerancia se puede decir que se tiene una apreciación negativa que a la vez se reprocha. Se tolera aquello que de antemano es objeto de rechazo. Se puede decir que la tolerancia es ambivalente, en este sentido.
Dado que la tolerancia lleva un elemento de rechazo, se pone en duda el hecho de que sea solamente una máscara que oculte el odio o la repulsión hacia el otro. También se hace referencia al hecho de ver la tolerancia como una forma de soportar “males necesarios”, sin agredir o despreciar totalmente lo que es rechazado. Todo esto seria muy lejano a lo que se podría llamar como virtud ética.
Sin embargo, parece indicar que ésta es solo una falsa tolerancia o una mala forma de verla, para entenderla hay que tratarla con todas sus complejidades.
Para empezar se debe aclarar que la tolerancia no es pura o absoluta, no se podría hablar de ella sin que hubiesen contradicciones, es posible luchar contra las ideas del otro y a la vez defender el derecho que tiene el otro de sostener las propias. De esto se desprenden dos niveles de valoración que tiene la tolerancia; por una parte se habla de valoración hacia las propias ideas y convicciones así como también hacia la contraposición de esas ideas; por otra parte se da una radical voluntad de aceptación de la diferencia y de la trascendencia del rechazo en respeto. Éste resulta sumamente importante, ya que es el respeto mismo la base de la tolerancia, así como también, ésta va muy unida con otras virtudes como: el reconocimiento, la comprensión, la solidaridad, la humildad, el amor mismo. Su complejidad se halla en esa tensión entre la aceptación y el rechazo simultáneos.
Pero ¿existirán límites de tolerancia? Si es así, el problema sería saber en que puntos están estos límites. La tolerancia no tiene que soportar situaciones inhumanas e indignas del hombre. No todas las diferencias deben ser toleradas y menos aquellas como: la tortura, el terrorismo, el racismo, etc. Existen grados de tolerancia y cuando ésta toca sus límites se convierte en intolerancia. Se debe ser tolerante excepto con los intolerantes, por que son éstos mismos los que invalidad la libertad y la dignidad, se quebranta el valor del respeto.
Existen varios tipos de “tolerancia” en los que están:
• La tolerancia: implica simultánea aceptación y rechazo, se basa en el respeto radical, relativiza el rechazo mismo, condiciona la posibilidad de convivencia en la pluralidad.
• La no-tolerancia: implica rechazo pero sin la aceptación, conserva el respeto, señala el límite a la tolerancia, impone formas no violentas de oposición y lucha contra aquello que no se tolera.
• La intolerancia: implica rechazo absoluto, es por completa ajena al respeto, conlleva la magnificación de las diferencias y el diferente, está regida por la violencia.
La tolerancia es definitivamente un valor que se debe poseer, no al grado de tolerarlo todo, mas bien, que cada quien se ponga sus límites de acuerdo a lo que se recomienda aquí.

Juliana González, “Dilemas éticos de la libertad”, El poder de eros, México, D.F., Editorial Paidós SAICF, 2000, pp. 111 – 120