Pensamiento Filosófico en México

16 Noviembre, 09

Tolerancia como parte de la sociedad

Archivado en: Juliana González — luffyku @ 3:27 am

Juliana González, “Tolerancia y Pluralidad”, El poder de eros, México, D.F., Editorial Paidós SAICF, 2000, pp. 143 – 156

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Por Ana Laura Aguilar

La tolerancia no siempre lleva en sí un sentido positivo, también lleva un sentido negativo. Por ejemplo, cuando se habla de tolerancia se puede decir que se tiene una apreciación negativa que a la vez se reprocha. Se tolera aquello que de antemano es objeto de rechazo. Se puede decir que la tolerancia es ambivalente, en este sentido.
Dado que la tolerancia lleva un elemento de rechazo, se pone en duda el hecho de que sea solamente una máscara que oculte el odio o la repulsión hacia el otro. También se hace referencia al hecho de ver la tolerancia como una forma de soportar “males necesarios”, sin agredir o despreciar totalmente lo que es rechazado. Todo esto seria muy lejano a lo que se podría llamar como virtud ética.
Sin embargo, parece indicar que ésta es solo una falsa tolerancia o una mala forma de verla, para entenderla hay que tratarla con todas sus complejidades.
Para empezar se debe aclarar que la tolerancia no es pura o absoluta, no se podría hablar de ella sin que hubiesen contradicciones, es posible luchar contra las ideas del otro y a la vez defender el derecho que tiene el otro de sostener las propias. De esto se desprenden dos niveles de valoración que tiene la tolerancia; por una parte se habla de valoración hacia las propias ideas y convicciones así como también hacia la contraposición de esas ideas; por otra parte se da una radical voluntad de aceptación de la diferencia y de la trascendencia del rechazo en respeto. Éste resulta sumamente importante, ya que es el respeto mismo la base de la tolerancia, así como también, ésta va muy unida con otras virtudes como: el reconocimiento, la comprensión, la solidaridad, la humildad, el amor mismo. Su complejidad se halla en esa tensión entre la aceptación y el rechazo simultáneos.
Pero ¿existirán límites de tolerancia? Si es así, el problema sería saber en que puntos están estos límites. La tolerancia no tiene que soportar situaciones inhumanas e indignas del hombre. No todas las diferencias deben ser toleradas y menos aquellas como: la tortura, el terrorismo, el racismo, etc. Existen grados de tolerancia y cuando ésta toca sus límites se convierte en intolerancia. Se debe ser tolerante excepto con los intolerantes, por que son éstos mismos los que invalidad la libertad y la dignidad, se quebranta el valor del respeto.
Existen varios tipos de “tolerancia” en los que están:
• La tolerancia: implica simultánea aceptación y rechazo, se basa en el respeto radical, relativiza el rechazo mismo, condiciona la posibilidad de convivencia en la pluralidad.
• La no-tolerancia: implica rechazo pero sin la aceptación, conserva el respeto, señala el límite a la tolerancia, impone formas no violentas de oposición y lucha contra aquello que no se tolera.
• La intolerancia: implica rechazo absoluto, es por completa ajena al respeto, conlleva la magnificación de las diferencias y el diferente, está regida por la violencia.
La tolerancia es definitivamente un valor que se debe poseer, no al grado de tolerarlo todo, mas bien, que cada quien se ponga sus límites de acuerdo a lo que se recomienda aquí.

9 Noviembre, 09

Saber ético de la violencia

Archivado en: Juliana González — luffyku @ 12:52 am

Juliana González, “Razones éticas contra la violencia”, El poder de eros, México, D.F., Editorial Paidós SAICF, 2000, pp. 133 – 141
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por Ana Laura
La violencia se presenta de diversas formas; puede ser física, moral, individual o socialmente. Puede realizarse hacia otro individuo o para sí mismo o bien, hacia la naturaleza, puede ser focalizada o difundida, etc. Toda esta diversidad plantea dos problemas fundamentales de la violencia.
El primero habla de su ambigüedad, o mejor dicho, de su ambivalencia, ésta habla de la posibilidad de que exista una justificación de la violencia o de que haya una “buena” violencia.
En cuanto a la “buena” violencia, hay que recalcar que en sí, la violencia es intrínsecamente negativa así que, ¿podríamos hablar de una “buena” o justificada violencia?
Lo que se considera como una violencia justificada es aquella que responde a la lucha por la vida, la supervivencia o la violencia defensiva, éstos tienen carácter de necesidad, y de cercanía al reino animal y biológico, de amenaza a la vida, donde privan condiciones de no libertad.
Otra sería la violencia como terapia, como cura o mejoría, ya sea del cuerpo o del alma. La violencia como una forma o medio para llegar a un fin benéfico.
Otra, entendida, como fuerza liberadora. La violencia como “partera de la historia” según Marx, la violencia como arma de la libertad.
Todas estas modalidades tienen algo en común que las restringe por igual; la violencia opera como último recurso ante todo, primero es la búsqueda por los medios no violentos.
Lo decisivo es reconocer que la ética es contraria a la violencia, donde termina la violencia, comienza la ética.
El segundo es el problema de carácter constitutivo de la violencia como un problema de naturaleza humana y por esta razón, inevitable. Hay quiénes piensan así, pero también están los que piensan que el problema de la violencia es consecuencia de un fenómeno social, cultural, no natural y que por utópico que parezca existe la esperanza de su destrucción.
Se considera que la respuesta al carácter constitutivo de la violencia, solo se responde cuando se considera que lo constitutivo es la ambigüedad de la naturaleza humana. Esta ambigüedad referida a que el ser humano es constitutivamente bueno-malo a la vez.
La libertad y la dignidad humanas se cifran en su doble poder: de vida y muerte, de paz y guerra. Así, el hombre lleva consigo la violencia, pero a la vez, también lleva la no violencia, el poder de la paz y del eros.
Según lo que creo, la violencia no se justifica, ni por ser de orden natural, ni por las circunstancias en las que ésta se encuentre. En la violencia, se debe llegar a un punto más allá del simple hecho “natural del humano”, el razonamiento.

26 Octubre, 09

La libertad como reacción humana

Archivado en: Juliana González — luffyku @ 1:15 am

Imagen083Juliana González, “Dilemas éticos de la libertad”, El poder de eros, México, D.F., Editorial Paidós SAICF, 2000, pp. 111 – 120

Por Ana Laura

Todos lo problemas que trae consigo la libertad, todos esos cuestionamientos de índole individual y práctico, son los que haces que la libertad se un problema en sí, ya que existen tantas razones para decir que el ser humano es libre, como para decir que no lo es.
Durante la historia de la filosofía y la psicología se ha tratado de hallar una solución a esto y una de las cuestiones que se ha tratado de resolver es la relación que tiene la libertad y la necesidad. La libertad es contraria a la necesidad pero también, las dos, mantienen una relación dialéctica.
Con todo esto, se puede decir que la existencia humana se rige con el destino, el azar y la libertad. Estos dos primeros son completamente distintos: el destino es el conjunto de las determinaciones que configuran la realidad del ser humano (factores biológicos, económicos, genéticos, etc.); el azar es imprevisible, innecesario, pero una vez que aparece, se torna determinante también. En cambio la libertad tiene un papel literalmente decisivo, ya que es el que decide, el sentido de la vida.
La libertad es la forma de enfrentar el destino, la forma de reaccionar ante los determinismos. Esta interrelación que existe entre los determinismos y la libertad se torna infinita. Así, se puede decir, que no existe la libertad sin destino y a pesar de los extremos en el que éste se encuentre, el ser humano tiene siempre distintas formas de reaccionar ante tal o cual circunstancia. De esto se desprenden tres modos de comprender la libertad:
1. Como ausencia de la libertad. Se trata de la evasión de la responsablidad como un modo de atrofia moral. La falta de libertad es una modalidad del carácter, libremente asumida.
2. Como uso negativo de la libertad. Es una modalidad activa, de una acción que opta y realiza posibilidades, pero cuyo signo es el dominio y la destrucción.
3. La libertad positiva, compendiada en la creatividad y en la trascendencia humana. La libertad es en esencia creativa, afirmación del ser.
De esta última se desprenden varios aspectos representativos como:
a) La libertad es conciencia y vivencia de indeterminación que conlleva lo posible.
b) Este saber de lo posible indeterminado es solo un momento de la libertad, el cual es llenado con fe existencial. Este miedo a lo indeterminado y desconocido lleva consigo angustia. Por esto, la libertad es angustia y también fe.
c) La libertad es determinación y decisión. Se abre un abanico de posibilidades pero se cierra al momento de la decisión, esto implica renuncia o sacrificio.
d) La libertad es el paso de lo posible a lo real.
e) La libertad es soledad. El ser libre pone en sí el eje primordial de su existencia. En este sentido la libertad es literal in-dependencia.
f) La soledad de la libertad no es aislamiento, al contrario, es forma de relación y de unión. Es responsabilidad.
Como se ve, la libertad no nada más es la toma de decisiones, si no también el hecho de saber cómo reaccionamos ante ellas.

5 Octubre, 09

el ethos y la etica

Archivado en: Juliana González — luffyku @ 12:00 am

El poder de Eros, Juliana González, “el ethos y la ética”, México, D.F., Editorial Paidós SAICF, 2000, Páginas 49 – 62
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Por Ana Laura

Para empezar con este texto, existe la necesidad de definir lo que es el ethos. Pero dada su multivocidad, tiene distintos significados que parecen no estar relacionados, por esto la necesidad de sacar a la luz dichos sentidos para proyectar una nueva perspectiva de ellos.

Como primera definición tenemos la de el ethos – habitar que se refiere a la morada como habitación humana, refugio, casa, no tanto como lugar físico, si no también como espacio anímico interior que en el orden psicológico se refiere metafóricamente al la protección de la intemperie, seguridad y estabilidad. “El lugar que el hombre porta en sí mismo” Aranguren.
La segunda definición es el ethos – hábito o costumbre. El hábito remite la acción reiterada de la continuidad de los actos como forma de persistencia vital. Implica repetición, costumbre, perseverancia, fidelidad a sí mismo. El ethos – hábito estaría proporcionando la estabilidad temporal complementaria a la estabilidad espacial. Estos dos sentidos del ethos hablan de protección y seguridad al ser humano.
El ethos – carácter es literal “modo de ser”, pero modo de ser adquirido, grabado, impreso en el mismo ser a través de la acción. Es aquello que distingue a cada hombre, lo que distingue a cada hombre, lo que le da una cualidad única como existencia. Con esto puede decirse que el ethos – carácter es principio de individualización, aquello que imprime a cada ser humano un rostro propio.
El ethos – disposición o actitud significa el modo de estar ante, de ser para, de ser con. El carácter es modo de ser y estar, en el sentido de modo de disponerse ante el otro, en otras palabras, modo de relación. Esto indica que el ethos alude también a la relatividad en que consiste el hombre.
Después está el ethos – praxis, como la acción habitual que recae sobre el sujeto mismo que la realiza. Es naturaleza espiritual que hace referencia al ímpetu humano de ascenso, a su capacidad de elevación y trascendencia y es por esta naturalidad que se vuelve necesaria.
El ethos como daimon del hombre, según Sócrates, es un tipo de dios o semidiós que habla desde el interior, como una voz ajena y propia al la vez, que te distingue lo “bueno” de lo “malo”. Una voz de la conciencia moral.

13 Septiembre, 09

El pasado filosófico, presente en la actualidad

Archivado en: Juliana González — luffyku @ 11:22 pm

El poder de eros, Juliana González, “La filosofía como diálogo histórico”, México, D.F., Editorial Paidós SAICF, 2000, Páginas 33 – 47

por Ana Laura

por Ana Laura

La historia de la filosofía, a diferencia de la historia en la ciencia, cuyo presente se basa en los conocimientos del pasado y llega a superarlos, al punto de cancelarlos por completo, es totalmente diferente, ya que no se puede hablar, en este caso, de cancelación, pues los hallazgos que se han hecho en el pasado, siguen vigentes en la actualidad, y no por ser de antes pierden su valor.

A través del tiempo, la filosofía, se constituye como diálogo entablado con distintas filosofías. Así, el filósofo no nada más piensa en la realidad, los fenómenos, si no también, mira el pensar de otros filósofos a través del tiempo. El filosofar sobre un problema universal para el hombre en general, problemas que sean retomados y adaptados a nuevas etapas filosóficas, con nuevas interrogantes, así es el diálogo filosófico.
Estas interrogantes son parte importante de la filosofía, ya que éstas son las que te permiten ver y observar la realidad en la que uno se encuentra. También la respuesta filosófica es importante en este aspecto, porque las explicaciones de un problema, llevan a nuevas interrogantes, así actúa el filósofo.
En el presente, las cuestiones filosóficas, los problemas, etc., que fueron expuestos en el pasado, se adaptan a la propia perspectiva del presente, así es como toman distintos significados según la época filosófica que los re-plantee.
La presencia de los griegos en la filosofía es esencial, pues son justamente sus valores y pensamientos los que se han reavivado más en occidente, con sus múltiples interpretaciones a través del tiempo. La importancia de reavivar esos valores griegos, es la necesidad que se tiene por “salvar” lo que se conoce como ser humano, la vida del hombre y el planeta mismo, y la manera de reavivar estos valores es justamente, tener la conciencia filosófica y ética de los griegos, no nada más tenerlo en la conciencia, sino también, llevarlo a la práctica: “El fin de la ética no es el conocimiento sino la acción”.

Me gusta la forma en la que se expresa la necesidad del ser humano por llevar el pensamiento filosófico y la ética, a la práctica, para beneficio nuestro y del planeta en general.

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