La tercera,
aquello que se ha querido llamar curso de artes, en que se ha consumido
una buena parte del papel que traen las flotas, ya todos van (aunque
demasiado tarde) conociendo lo que es y cuán bueno para olvidarse de
ello adrede, en saliendo de sus aulas. La cuarta, y como fundamental de
las precedentes, es que cuando se eclipsaron las ciencias en aquellos
siete u ocho siglos consecutivos de barbarie universal, les estuvo
mucho peor esta fatal contingencia a la filosofía y a la medicina, que
a las demás. Porque mientras las otras yacían abandonadas al olvido o
estaban reducidas al claustro entre algunos pocos monjes; los moros se
ocupaban en echar a perder éstas por todos los medios posibles. La
resurrección de los buenos estudios allá en Europa fue posterior, o al
menos coincidente, con la última reforma de nuestros estatutos
escolares, hecha en México en 1645; de suerte que no pudo incluirse en
ella nada favorable ni ventajoso a la física útil y su dependiente la
medicina. Omito otras razones, por la necesidad de reducir mi papel;
pero juzgo haber demostrado al ojo lo que en primer lugar me propuse.
Me dispensarán mis connacionales de tomarme igual trabajo en lo de las
bellas letras, constando bien que nunca se han enseñado públicamente.
Lo cual por otra parte muestra mayor capacidad, genio y aplicación de
los que sin embargo sobresalieron en este género. Así es; pero debo
advertir, por ejemplo, que a tomar las cosas en rigor y como suele
decirse al pie de la letra, quizá no querrán que se llame poeta sino al
autor de un poema excelente. Si ello debe ser sin rebaja, confesaremos
que en todas partes fue siempre muy rara esta ave. Por lo que toca a
otras artes, quien citare algunos ejemplos confirmará lo mismo que yo
he dicho; y convendremos en que hay en las Américas, tanto o más que en
otra parte ingenios felices, admirables, hombres verdaderamente nacidos
para formarse su método en particular y aprender por sí mismos cosas
muy buenas. ¿Quién lo ha negado? Pero sobre capítulo de instrucción y
cultura sería una vanidad muy mal fundada el no ceder, con respeto y
admiración, a la Europa. Soy tan fino apasionado y tan celoso de la
gloria de mi nación como el que más; no puedo sin embargo disimular, ni
hacer traición a la verdad. Vamos al intento.
Sabemos que nuestra corte ha comenzado a dar un ejemplo (digno
ciertamente de darse durante el gobierno del sabio monarca que la
preside) reformando los estudios, según las ideas que hoy se tienen
para la mayor utilidad y bien del estado. Y aunque debemos esperar para
nosotros igual beneficio, los que tenemos la felicidad de ser vasallos
del mismo rey; como quiera que ello es obra de mucha deliberación, de
suma prudencia y del tiempo: acaso no se verificará tan presto como
quisiéramos en las Indias. Comencemos pues a comunicar al público en
nuestro español vulgar algunas noticias curiosas e importantes y sean
sobre varios asuntos de física y medicina, dos ciencias, de cuya
utilidad nadie dudó jamás. Tal es el plan que me he propuesto y espero
desempeñar mi palabra no muy desairadamente, teniendo de antemano
adquiridos algunos conocimientos en estas materias y bastante
aplicación a mis libros, que son muy selectos y propios para mi
instrucción. Más será bien especificar y declarar las cosas, comenzando
desde el título.
Mercurio, según la fábula, era el mensajero de los dioses, en cuyo
obsequio volaba con suma celeridad hacia cualquier parte que se le
enviase. Las ciencias todas y los conocimientos útiles al género humano
se creía por los filósofos más sensatos tener como la misma alma
racional, un origen celeste y divino. Siempre fueron estimadas las
artes como otros tantos preciados dones de la providencia, concedidos
por particular gracia en beneficio de los mortales; y ninguna noticia
importante vino al mundo, según este modo de pensar, justo y razonable,
de otra parte que de los altos cielos o de hombres dignos de colocarse
allá. Así pues, por una especie de alegoría nada reprensible, he
querido llamar Mercurio Volante a un pliego suelto, que llevará
noticias a todas partes, como un mensajero que anda a la ligera. Saldrá
todos los miércoles, día en que parten de la capital todos los correos
del reino.Siempre cuidaré de poner al frente algún pasaje de buen autor, alusivo
al asunto, y traducido en caso necesario. Digo en caso necesario,
porque no omitiré los autores españoles, cuando se me ocurran. En otros
papeles periódicos que he visto se guarda supersticiosamente el respeto
a los latinos y griegos. No hay para qué; yo me gloriaré de haber
nacido español y de que mis nacionales luzcan su trabajo y sean
celebrados.
No saldré un punto de lo que anuncia el título de mi Mercurio; sino es
cuando me honrase algún literato comunicándome cosa digna de publicarse
en otro género de ciencias o artes útiles: en la inteligencia de que,
viniendo de afuera, se ponga todo franco de portes. Conozco mi
limitación, que no me permite proponer un plan más vasto. Traten otros
la historia, la geografía, las matemáticas, la poesía, &c., o si
pueden la enciclopedia: tanto mejor para el público.
Últimamente ninguno espere nada de política, ni de lo que tocare,
aunque fuese de un modo muy indirecto, al gobierno. No me he propuesto
una gaceta; ni Mercurio supo de oficio otra cosa que decir y hacer lo
que sus superiores le mandaban: en lo demás procedía de su cuenta y
riesgo aquel astuto mensajero, y el mío ya cuidará de andar muy
prudente y avisado.
Aquí era el lugar de desafiar y admitir desafíos, anticipar injurias y
maldiciones a mis impugnadores, figurándome centenares de ellos con
bayoneta calada; pedir auxilio a mis lectores imparciales; apelar a la
equidad del público y todo aquello que se hace en los prólogos de
ciertos autores espirituados que se forjan dentro de su cabeza mil
terrores pánicos antes de menear el tintero. Yo no he de tener tales
impugnadores ni contrarios; y me hago una cuenta bien diferente. Quien
destruyere con buenas razones lo que yo hubiere asentado por cierto, no
puede menos de ser mi amigo, pues me ayuda a servir al común sacándome
de mi error; mi enemigo sería quien tirase a precipitarme en alguno. Y
si sus argumentos no valieren nada, entonces alabando su intención, no
creeré quedar impugnado; lo que se le dará a entender, salva toda la
pragmática de cortesías y ceremonias literarias. En éstas y en otras
siempre hay algo de efectivo, se escribe y se lee de molde y se sacuden
las telarañas a las cajas de imprenta.
El siguiente Mercurio llevará por asunto: «Verdadera idea de la buena física, y de su grande utilidad.»
En México, con las licencias necesarias, y privilegio concedido al
autor por este superior gobierno, en la casa de D. Felipe Zúñiga y
Ontiveros, calle de la Palma.
Se vende en el Cajoncillo de Libros frente del Portal nuevo de
Mercaderes, a medio real cada pliego. El número 2º saldrá el miércoles
28 del corriente.