Pensamiento Filosófico en México

12 Mayo, 09

Luis Villoro

Archivado en: Luis Villoro — ale3191 @ 5:41 pm

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Por Julio Flores

Luís Villoro Toranzo, nació en Barcelona, España un 3 de noviembre de 1922, naturalizado mexicano, obtuvo su doctorado en filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Comenzó su labor docente como profesor en la Facultad de Filosofía y Letras en 1948 y ha sido investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971. Es miembro de El Colegio Nacional desde 1978. En 1986 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

el billoTuvo una primera etapa de pensamiento donde intentó involucrar la historia y el existencialismo, plasmó un concepto de filosofía propia de la cultura mexicana, después pasa a una etapa donde se preocupa por criticar a la metafísica y la pretende aislar del concepto científico de ésta; Después de analizar a Descartes y Husserl, Villoro se basa en los conocimientos de las ciencias naturales e intenta darle a su filosofía un aspecto positivista, e intenta propiciar la filosofía como análisis y crítica conceptual, es esta su tercera y última etapa. Villoro ha buscado definir la filosofía en relación a la ciencia, la ideología y el poder: “La filosofía es la actividad disruptiva de la razón y ésta se encuentra en el límite de todo pensamiento científico. Porque toda ciencia genuina, al ser radical, es crítica del pensamiento usado y usual propio de la ideología.” Cita Villoro en Filosofía y dominación.

Entre sus publicaciones más destacadas se encuentran: Los grandes momentos del indigenismo en México, El proceso ideológico de la revolución de independencia, La idea y el ente en la filosofía de Descartes, Signos políticos, El concepto de ideología y otros ensayos, El pensamiento moderno: Filosofía del Renacimiento, En México entre libros, La significación del silencio, Fundamentos de una ética política y Estado plural, pluralidad de culturas.

En mi opinión Luis tiene bases muy sólidas, muchos lo consideran el gran símbolo de la filosofía mexicana, proviene de una escuela importantísima como lo es el grupo Hiperión, siendo discípulo de José Gaos y compartiendo la enseñanza con gente de la talla de Leopoldo Zea y Luis Villoro.

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Me deja contento el poder haber hecho mis entradas de este filósofo, ya que creo que lo que ha hecho él, será muy difícil que lo iguale alguien más. Asímismo, me preguntaba qué característica debía tener un alumno que cursa el área IV, de humanidades y artes, y creo que Villoro me responde: El ser una persona crítica de cualquier cuestión que se presente.

www.filosoficas.unam.mx/~villoro/home.html

www.filosofia.com.mx/index.php?/perse/archivos/luis_villoro_y_el_porvenir/

1 Diciembre, 08

La última de Villoro

Archivado en: Luis Villoro — ale3191 @ 6:20 pm

La entrada que has empezado a leer, es la última entrada que haré sobre Luis Villoro, el próximo año desglozaré las ideas de algún otro filósofo todavía por designar. Por ser esta la última entrada, quisiera hacer un ejercicio de relfexión, sobre qué puede dejarle a uno el conocer, aprender y saber sobre las ideas de éste filósofo mexicano. Las entradas que hice muchas veces fueron sacadas de diversas páginas de internet y por supuesto con el apoyo de algunos otros libros, lo que me implico ponerme a leer y conocer bien a detalle el material que estaba “bloggeando”. Podemos concluir, a menera de resumen las siguientes cosas:

1. Luis Villoro es un “metomeentodo”, un día lees algo de él sobre futbol y posteriormente te encuentras un sobre el Estado plural, luego le checas algo del zapatismo, después te enteras que es miembro de la Academia de Letras Mexicana… La lista continúa, y es totalmente aplaudible y digno e respeto el saber de una persona que tenga todas estas polivalencias, que “le entre a todo” y todo esto con una crítica de las cosas totalmente atinada, justa y loable.

2. Luis Villoro es un defensor del zapatismo. No necesita presentarse en San Lázaro ni usar pasamontañas para saber que apoya al movimiento del EZLN, cuando lees sus artículos sabes te hace ver de manera muy sencilla -y bueno, en algunas ocasiones de manera compleja- los intereses que persiguen los zapatistas, sus opiniones son justificadas de principio a final y el simple hecho de ser un admirador más del EZLN, debe de tener contento a Marcos y compañia.

3. Es un gran cuestionador de los sucesos actuales, sus ideales de Izquierda en México así como críticas a los presidentes, y su opinión sobre el Estado tienen un gran valor, y muchas de éstas, rayan en una pulcritud que nos transmite el pensar en mundos cuasi utópicos.

4.  Tiene bases muy sólidas, muchos lo consideran el gran símbolo de la filosofía mexicana, proviene de una escuela importantísima como lo es el grupo Hiperión, siendo discípulo de José Gaos y compartiendo la enseñanza con gente de la talla de Leopoldo Zea y Luis Villoro.

5. Se ha preocupado por temas como la metafísica, los límites y alcances de la razón, la relación conocimiento-poder, la perfecta comunión con los demás, la reflexión ética sobre la injusticia, la defensa del respeto a las diferencias culturales, la dimensión crítica del pensamiento filosófico. Además tiene un amplio repertorio literario que va desde el indigenismo hasta las cuestiones políticas. Es un filósofo que ha pasado por tres importantes etapas que abarcan la filosofía histórica, la filosofía práctica y la filosofía teórica.

6. Es una voz respetada por todos y su obra ha sido estudiada por gran parte de los filósofos de hoy. Es miembro de la Academa Mexicana de Letras, Doctor Honoris Causa de la UNAM y de la UNiversidad Michoacana de la Universidad de San Nicolás Hidalgo, además de haber sido presidente de la Asociación Filosófica de México, entre muchos otros reconocimientos.

En fin, como reflexión personal, a mi me deja contento el poder haber hecho mis entradas de este filósofo, ya que creo que lo que ha hecho él, será muy difícil que lo iguale alguien más. Asímismo, me preguntaba qué característica debía tener un alumno que cursa el área IV, de humanidades y artes, y creo que Villoro me responde: El ser una persona crítica de cualquier cuestión que se presente.

Muchas gracias por seguir mis entradas, nos veremos el próximo año, se aceptan recomendaciones y suerencias de sobre qué filósofo les gustaría que apareciera en mi sección, desde luego tiene que ser uno mexicano. Agradezco también a Buendía y a todos los colaboradores de este sitio.

Feliz año nuevo.

26 Noviembre, 08

Futbol y la utopía

Archivado en: Luis Villoro — juliosutd @ 7:48 pm

1. La semana pasada de Luis Villoro estuvo movida, primero participando en el homenaje a Carlos Fuentes y luego yendo a dar conferencias y conferencias, bueno, a este ritmo el próximo homenaje irá para el señor Villoro, que a su edad sigue dándole a la filosofía.

2. Sin duda, hoy les traigo uno de los textos más disfrutables de Luis Villoro; el tema: el futbol, concretamente el Mundial de futbol. Si uno le lee, podría pensar que se ha tratado del mundial que acaba de ocurrir o incluso de cualquier otro, ya que las épocas parecen no cambiar. Sin embargo me enteré que es un artículo escrito por él cuando trabajaba en el periódico Excelsior y en conreto, nos cuenta sobre el mundial del 74, celebrado en Alemania. Gracias por leerme, Ahí viene Villoro.

Hace diez días empezó la gran fiesta. En todas las regiones del mundo, millones de hombres participan del gran espectáculo: el campeonato mundial de futbol. Durante los partidos la vida cotidiana se interrumpe. Hay que robarle el mayor tiempo al trabajo o al sueño, para sumergirse en otro mundo que la televisión nos brinda. Pocos son inmunes a su hechizo; aún quienes no son aficionados habituales al deporte, participan por unas semanas del mismo contagio, a reserva del olvidarse del juego, terminado el campeonato. ¿Hay un secreto de esa fascinación colectiva?

Se ha dicho hasta el cansancio: el deporte, promovido oficialmente en gran escala, sirve para desviar a los pueblos de sus problemas reales. Permite que se olviden de sus carencias, de la explotación, de la servidumbre; encauza los impulsos rebeldes hacia un campo de lucha políticamente neutro. Por ello es un instrumento que ayuda a mantener una situación de dominio, conservando satisfechos a los siervos: Pan et cirquenses. Desde antiguo, los gobernantes se percataron de su utilidad para mantener en paz a las masas. En ese sentido, el deporte en gran escala favorece la huida de la realidad, ayuda a volverle la espalda. Sería el nuevo “opio de los pueblos”.

Todo eso es cierto. Pero nada humano suele ser tan sencillo; a menudo, tras la dimensión aparente puede descubrirse otra más profunda. Después de todo, el opio no sólo adormece, también despierta el sentido para percibir formas nuevas, posibilidades más ricas de los objetos. Quisiera hoy asomarme a esa otra dimensión del juego, aunque sólo sea por el gozo de romper una lanza a favor del bello espectáculo.

Nuestra época es, como pocas, violenta y represiva. La ansiedad, el temor, el desencanto, amenazan continuamente nuestras vidas. Los grandes valores colectivos se desdoran y muchos se preguntan si la vida no carece de sentido. La sociedad moderna, represiva y vacía, está permeada por un sordo nihilismo.

Frente a esa realidad, el juego nos ofrece un gran respiro. Al través de las pantallas aparece otro espacio y otro tiempo. En la duración cotidiana se ha abierto un paréntesis. La reemplaza una temporalidad con un inicio y un término precisos, con una trama coherente y ordenada, con un sentido claro: el campeonato. En ella todo transcurre según reglas, todo tiene un fin y un propósito: en el espacio-tiempo del juego, la represión y el vacío han terminado. Los sustituye el gozo de los cuerpos en libertad, el entusiasmo de la contienda, los destellos de ritmo y de armonía. Sí, huimos de nuestra realidad cotidiana -violenta y represiva-, pero vislumbramos también la posibilidad de una realidad distinta.

Cada año, los pueblos primitivos tenían un lapso de tiempo en que la vida cotidiana quedaba en suspenso. Todas las actividades detenían su curso normal. Las leyes, los tabúes de la moral convencional dejaban de regir en ese lapso; en su lugar, se instauraba la espontaneidad, la libertad y el gozo colectivos. Todo el sistema de represión y dominio estaba suspendido, las jerarquías sociales se trastocaban, el amo se volvía siervo, el siervo, rey. En esos días,, los dioses descendían a la Tierra. Venían a dar nueva vida, a instaurar un nuevo ciclo histórico. Su presencia se celebraba en ritos. La sociedad no podía subsistir sin esos días. En ellos se recreaba periódicamente a sí misma. Pero cuando terminaban, todo volvía a su cauce; el orden y la represión se imponían de nuevo sobre el espacio-tiempo libre del rito. Los antropólogos han bautizado a ese lapso con un nombre: la “Fiesta”.

Pues bien, los grandes sucesos deportivos mundiales, el campeonato de futbol, las olimpiadas, tienen algo de la Fiesta primitiva. Podrían considerarse como una versión desacralizada, al alcance de las grandes masas, que cumple, en la sociedad tecnificada y enajenada en el consumo, una función, en algunos puntos análoga, a la que cumplía la Fiesta en los pueblos primitivos.

El campeonato mundial se desarrolla en una unidad espacio-temporal que se inserta, como un paréntesis, en la vida cotidiana. En ella las jerarquías establecidas entre las naciones parecen suspenderse. Naciones pequeñas y sumisas tienen la misma oportunidad que países poderosos. Un espectador de África o de Sudamérica puede tener la sensación, es ese lapso, de que su nación supera a las más fuertes. Un modesto portero haitiano puede, en un instante privilegiado, brillar ante los ojos del mundo; un país dependiente y atrasado puede actuar en señor de sus poderosos amos. Los órdenes de dominio reales, mantenidos por siglos, pueden trastocarse; la igualdad parece reinar en vez del dominio.

En el espacio-tiempo del campeonato quedan suspendidas también las reglas represivas de la sociedad cotidiana. Rigen, en cambio, otras. Ya no valen la riqueza, ni la arbitrariedad del poder, ni la violencia. Priva, en cambio, la agilidad, la habilidad y la gracia, dotes que cualquiera, dominante o dominado, puede poseer. A la competencia basada en la fuerza del poder, en el que el pequeño necesariamente se humilla o sucumbe, sucede otra en que sólo vence la inteligencia, el arrojo, la habilidad y el arte.

En ese espacio-tiempo se manifiesta un nuevo tipo de libertad. Frente a la rigidez de las actitudes convencionales de la sociedad represiva, se despliega la espontaneidad de los movimientos del cuerpo en libertad. En el césped hace su presencia la vitalidad corporal, desatada de las ligas que la entorpecen: se expresa en el vigor del impulso, en el ritmo de los movimientos, en la inventiva del juego creador. En el espacio cerrado de la cancha, se escenifica un rito, un rito que evoca la energía vital, el goce del movimiento libre, el entusiasmo de vivir. De pronto, en un pedazo de hierba, se desarrolla ante nuestros ojos un tejido de movimientos concordes; el vigor de la vida está allí, la gracia ilumina el espacio… como si los dioses hubieran de nuevo descendido a la Tierra.

El espacio-tiempo del deporte, como el de la Fiesta antigua, nos hace vislumbrar otra realidad posible. Una realidad humana donde, en lugar de la represión y el poder, rigieran la igualdad, la espontaneidad, la alegría de vivir, la belleza; un mundo donde el trabajo enajenado y la ansiedad serían reemplazados por la creatividad del juego estético.

Un mundo semejante pertenece a la utopía. Con todo, el enorme desarrollo de la ciencia y de la técnica lo ha puesto a nuestro alcance. Nunca la humanidad ha estado tan cerca de alcanzar una sociedad donde el trabajo enajenado dejara lugar al ocio creador; una sociedad donde ya no fueran necesarios los tabúes morales represivos y, en vez de ellos, rigieran reglas de convivencia destinadas a favorecer el desarrollo vital, libre, de los hombres; una sociedad cuyo valor máximo no fuera el rendimiento, ni el poder, sino la alegría de vivir, la espontaneidad y la belleza; una sociedad, en suma, donde la represión y la violencia fueran sustituidas por el gozo y la libertad.

En el seno de la sociedad represiva, el gran espectáculo deportivo nos ofrece un símbolo confuso de otra posibilidad de vida humana. Es como una alegoría de otro mundo posible, como un vislumbre oscuro, en imagen, de la utopía. En eso consiste quizás su más profundo atractivo.

20 Noviembre, 08

El camino de la Izquierda

Archivado en: Luis Villoro — juliosutd @ 1:01 am

Últimamente, buscaba en internet respuestas de mi conflicto personal: ¿Qué es mejor, izquierda o derecha? había encontrado un textito que aunque no fue esclarecedor para mí (y hasta ahora aun nada me convence), sin emargo lo que aquí se comenta resulta interesante, como lo dije en mi anterior entrada, Villoro es un erudito de temas políticos, cosa que no creo está peleada con la filosofía, éstos van de la mano.

Este texto se lo piden a Luis Villoro, el Partido de la Revolución Democrática, con el afán de abastecerse de recomendaciones sobre el camino que debe seguir la izquierda mexicana con el fin de mejorar.

A mi parecer el texto si bien es un tanto largo, está sencillo de entender y a fin de cuentas propone trazar algo concreto hacia futuro respetando diferencias y buscando bienes comunes. Que lo disfruten.

***

El Camino de la Izquierda

Después de la última elección hay muchos argumentos para sostener que hubo un fraude: la decidida intervención de la presidencia y su candidato en el proceso electoral, la negativa al conteo pormenorizado de los votos, la declaración apresurada del IFE sobre la escasa diferencia en el resultado de la elección, son elementos suficientes para sospecharlo. Pero, sea o no producto de un fraude, la elección ha puesto de manifiesto una situación real: la división que existe en el país entre un grupo de privilegiados y los excluidos.

Frente a esa realidad no cabe rasgarse las vestiduras. Sólo cabe una reflexión a fondo: ¿por qué la división del país?

Desde la revolución francesa se intentó simbolizar esa división en el espacio. En la Convención Nacional se habló de una “izquierda”, una “derecha” y un “centro”, según la posición que ocupaban los representantes de la Asamblea. Esos conceptos se ampliaron a toda la nación y llegaron a referirse a actitudes colectivas en la moralidad social. A eso nos referimos cuando hablamos de izquierda y de derecha política social. Empecemos entonces por definir los términos. ¿Qué podemos entender en ética y en política por izquierda?

En toda sociedad existe, de hecho, una situación de poder. Ante ella situación se plantea una alternativa: un comportamiento colectivo de aceptación del poder existente o una actitud de disrupción ante la realidad del poder.

Esa actitud común puede dar lugar a una práctica transformadora que sería a la vez negación de un orden dado y proyección de otro que se supone más racional y humano. Son esa actitud y esa práctica las que definen a la izquierda. Lo que le dio sentido a la entrega de tantos hombres y mujeres e hizo que, en muchos casos, algunos sacrificaran sus vidas por un objetivo social, no fue la creencia en una doctrina científica o filosófica; fue una pasión y una esperanza: la indignación por la estupidez y la injusticia humanas, la urgencia por construir una sociedad fraterna. Según las épocas y las circunstancias históricas, esa actitud disruptiva revistió varias formas, ensayó distintas vías de acción y adujo diferentes teorías para justificarla, pero en todas se mantuvo constante. Pero no era prisionera de ninguna formulación ideológica, subsistía, subsiste, en todas ellas. La izquierda en política no es una ideología, una doctrina, es una elección de vida para la sociedad.

La confusión de la izquierda con una doctrina determinada ha sido una de las causas de su perversión. Para ser de izquierda había que abrazar un credo. Quien difería de la doctrina aceptada era tránsfuga o reaccionario. De ahí el sectarismo y la intolerancia. Además, si la izquierda se confunde con una doctrina, sólo quienes la interpretan correctamente pueden dirigirla. Hay un único grupo capacitado para señalar el rumbo político: el que detecta la doctrina verdadera. La actitud transformadora de la realidad social se reduce a la adhesión a quienes detectan la doctrina y saben interpretarla.

Confundir la izquierda con una ideología fue, en mi opinión, el gran error del marxismo y aun de la socialdemocracia. Porque el equívoco de la izquierda es identificarla con un sistema de creencias, con una “ideología”. Porque la izquierda no es una teoría en la cual podríamos creer o no; es una elección que tenemos que asumir, la cual lleva a un comportamiento en la sociedad.

La izquierda podrá definirse entonces como la actitud y práctica sociales orientadas por la realización de una sociedad otra, distinta a la existente, la sociedad de denominación actual. Por eso el terreno privilegiado de la izquierda es la oposición de un sistema de dominación constituido. Cuando deja de ser oposición y llega a una situación política en la que puede imponer su propio poder, su gobierno solamente tiene sentido si se ejerce para hacer desaparecer las condiciones y estructuras de dominación. Si acaba ejerciendo, a su vez, otro poder impositivo, si olvida su vocación disidente y establece un nuevo sistema de dominio, se traiciona a sí misma y deja de ser izquierda.

¿No es eso lo que puede explicar el curso que tuvieron las revoluciones? ¿No fue lo que pasó en la revolución francesa con Napoleón, en la soviética con Stalin, en la mexicana con el PRI? Esta caracterización de la izquierda podría definirse negativamente: izquierda es todo comportamiento que contribuya a la dominación de un poder impositivo en la sociedad.

Ahora bien, el sistema de dominación del poder existente es distinto según sean los sectores dominados en la sociedad actual. La actitud contra la dominación tiene que estar motivada por el interés de quienes padecen esa dominación. Estos son todos los sectores que, en una u otra medida, están excluidos de la participación en el sistema de poder dominante. Para que una actitud contra la dominación pueda desembocar en una práctica social transformadora tiene que asumir el interés de los sectores dominados. Un programa de acción puede calificarse de izquierda en la medida que pueda oponer al poder impositivo el contrapoder de los sectores que padecen la dominación.

Pese a su diversidad, todos los grupos dominados comparten, en distintas medidas, un interés común: justamente liberarse de su estado dominado. A pesar de sus concepciones y necesidades diversas, coinciden en algo: en un proyecto de otra sociedad, emancipada. A todos iguala la misma actitud de disenso contra la situación existente; en distintos discursos, con concepciones diferentes, todos dicen “no” a alguna forma de dominación. Pueden, por lo tanto, unir sus voces y sus manos en un mismo contrapoder. A su movimiento plural lo llamamos “izquierda”.

Esto es algo de lo que podría decir de los valores morales de una posición de izquierda. Tratemos ahora de aplicar esta reflexión al a situación actual en México. ¿Cuál podría ser el camino actual de una izquierda en nuestra situación?

Partamos de la aceptación de un hecho. En la situación internacional actual ninguna revolución parece posible, además de no ser deseable. La mayoría de las revoluciones han fracasado; a menudo lograron su contrario: un régimen autoritario o incluso una dictadura. La democracia en sus diversas formas se ha impuesto. Aunque de hecho no exista plenamente, se presenta al menos como un fin por realizar.

Pero frente al imperio del capitalismo se abre una alternativa: la resistencia, aún más, la oposición. Oposición requiere la colaboración de todos los que sufren la dominación, en alguna u otro forma. En lo internacional se dificulta, sin duda, la coordinación de las naciones que sufren la dominación del capitalismo internacional. Pero hay muchos indicios de que es posible en América Latina. En Cuba la actitud del imperialismo no provocó la democracia sino su contrario: un régimen autoritario proclive a la dictadura. En los nuevos regímenes establecidos con las recientes elecciones la situación es variable. En Venezuela y en Bolivia podría darse una vía hacia una forma nueva de socialismo que satisficiera las necesidades de los desposeídos, tantas veces aplazadas. Sería, sin duda, una variante del socialismo en nuestra América, con tal de vencer el peligro que acecha al socialismo en esos países: el de caer en su contrario: la dictadura de un partido en el poder. Si lo logra marcaría un hito en la liberación de América Latina. La situación es variable en otros países. En Brasil, Perú, Ecuador, en Nicaragua, incluso en Argentina, empieza a abrirse en esta región la posibilidad de un frente coordinado de resistencia, con variantes, frente a la dominación de un capitalismo desenfrenado.

¿Y en México? Ante la situación de desigualdad extrema en una mayoría sometida a la pobreza y un puñado de detentadores de la mayor riqueza, el camino de la izquierda no puede ser más que procurar una oposición que pudiera aliviarla. Pero una oposición en una democracia no puede darse solamente mediante un partido político. Todos los partidos políticos tienen una ambición: compartir la tajada de dinero que les otorga el Estado. La burocracia estatal a la que pertenecen los representantes de los partidos, con escandalosos sueldos que se otorgan a sí mismos, constituyen un estrato que rompe cualquier proyecto de avance hacia una igualdad democrática. López Obrador, en su campaña a la presidencia, ya había propugnado por rebajar considerablemente sus sueldos, pero Calderón redujo su propuesta a un mínimo ilusorio. Una democracia en política exige austeridad. Condición de la justicia es, al menos, iniciar un camino para abatir la desigualdad. Ese camino debe empezar por los propios partidos políticos.

Veamos. El Partido de la Revolución Democrática (PRD) ha sido considerado por muchos ciudadanos un partido que representa a la izquierda en el país. Pero para que representara realmente a la izquierda tendría que cumplir, en mi opinión, por lo menos dos cosas: 1) no buscar alianzas espurias con personajes que no coinciden en nada con los valores de la izquierda y 2) mantener una postura para acercarse a un mínimo a la realización de valores éticos propios de una izquierda.

Puedo aducir algunos ejemplos concretos, entre otros, que muestran cómo el PRD no siempre ha cumplido con esos dos requisitos. Primero: el apoyo de elementos del PRD a la candidatura, afortunadamente frustrada, a la gubernatura de Yucatán, aunque haya sido retomada por otros partidos sedicentes cercanos a la izquierda. Segundo: el apoyo al gobierno de Sabines en alianza con el PRI, en Chiapas. Tercero: sobre todo, la represión incitada por el PRD en Chiapas contra el zapatismo (que, por cierto, López Obrador no mencionó nunca en su campaña). Estos son solamente algunos ejemplos de que el PRD no siempre ha tenido una posición consistente de izquierda. Ellos muestran que el PRD no puede presentarse como el único partido que represente a la izquierda en el país. Más allá del PRD, hay personas y sectores en otros partidos, en el Partido del Trabajo, en Convergencia e incluso en el PRI, que podrían participar en un movimiento amplio de una izquierda unida, más allá de su pertenencia a un partido.

Un movimiento de izquierda no puede restringirse a los partidos, tiene que ser mucho más amplio. Tiene que abarcar a individuos y grupos de la sociedad que no quieren pertenecer a ningún partido o que incluso estén en contra de pertenecer a un partido. La democracia no debe confundirse con una “partidocracia”. Muchos individuos y grupos pueden tener ideas y comportamientos de izquierda fuera de cualquier partido y participar en comportamientos contra un sistema de dominación.

Pueden ser regionales, como el caso ejemplar de la APPO en Oaxaca o de movimientos de pueblos indígenas en comunidades de Michoacán, Jalisco, Nayarit. Pueden seguir ideas feministas (el caso del movimiento contra los feminicidios en Ciudad Juárez) o cristianos como en muchas organizaciones de todo México. Pero, en la medida en que todas ellas sean parte de un amplio movimiento de la izquierda, están más allá de los partidos políticos aunque requieren organización.

En suma, un movimiento amplio de izquierda tiene que intentar un camino contra la desigualdad patente en todo el país en todas sus formas. Tiene que rebasar o, al menos, poner un coto a los partidos y a sus burocracias. Porque una izquierda auténtica, dijimos, es una actitud contra la dominación.

Con todo, sí podría yo señalar, en México, un movimiento que, más allá de los partidos, está claramente contra toda dominación: el movimiento zapatista. El zapatismo ha propuesto la “otra campaña” que intenta caminar hacia lo exactamente opuesto a la situación política y social que existe actualmente en México.

Frente a la democracia representativa como la que se supone que hay en México, el zapatismo propone un camino para llegar a una democracia participativa o comunitaria, desde abajo, que hiciera realidad su lema “mandar obedeciendo”. Una democracia en la que los representantes no tuvieran retribución y todo su poder fuera el que les delegaran sus representados. Esa democracia es la que pretende realizar el zapatismo mediante las “Juntas de Buen Gobierno” en las comunidades de la zona zapatista. Este es el ejemplo más cercano, en pequeño, a la realización de una “democracia directa” soñada por los antiguos.

Sin duda, esa democracia podría ser realizable, con todas sus dificultades, en una pequeña escala, en el espacio de las comunidades. ¿Pero sería realizable en toda la nación? Para que lo fuera, una democracia participativa o comunitaria debería vencer varios obstáculos. De lo contrario, en el espacio de la nación sólo sería una utopía (“utopía” en el sentido de una sociedad nunca realizable, no en el sentido de una sociedad que puede realizarse en el futuro y a la cual hay que tender).

Para que no fuera solamente una utopía, la sociedad futura debe proyectarse como una idea regulativa, es decir, como un camino para alcanzar el fin deseado. Pero para ello debe vencer los obstáculos que impiden su realización, inmediata y de una vez por todas debe tener presente su oportunidad en el tiempo.

Para que fuera realizable en el ámbito de la nación, el zapatismo debería aceptar que no podría mantener sus fines en toda pureza, que es indispensable contemporizar, ceder en algo para lograr el fin deseado, hacer las alianzas necesarias. Sin perder de vista el fin, habría que aceptar los medios para lograrlo. La posición zapatista, aunque intransigente, es muy valiosa, pero podría ser contraproducente, por extrema. La intransigencia, la pureza extrema, el temor a ensuciarse las manos, a no admitir términos medios, a no aceptar la parte de razón del contrario, no muestra sabiduría política.

Para ello, el Sub Marcos tendría que intentar, en sus declaraciones, interés para acercarse, al menos, a los valores que declara una amplia izquierda cercana al zapatismo y evitar sus denuestos contra ella.

En suma, para concluir, creo que para acercarse a los fines y valores de la izquierda habría que buscar la convergencia de los movimientos de izquierda hacia un fin común, respetando sus diferencias. Sólo así sería posible trazar un camino para la izquierda.

15 Noviembre, 08

Observaciones sobre democracia y derecho

Archivado en: Luis Villoro — juliosutd @ 7:42 pm

Observaciones sobre democracia y derecho, por Luis Villoro

<Espero les guste>

 

La democracia moderna suele concebirse conforme al modelo de democracia representativa derivado de las revoluciones del siglo XVIII. Desde entonces se estableció la vinculación entre los derechos individuales de todo ciudadano y la democracia moderna. Los derechos individuales tienen su enunciado en la “declaración universal del hombre y del ciudadano”. Se dejaron a un lado, en cambio, los derechos colectivos para lograr un bien común.

La prioridad de los derechos individuales sobre el bien común establece que todos los ciudadanos son iguales entre sí, pese a sus diferencias. Todos quedan uniformados desde el punto de vista político y jurídico. El Estado-nación es concebido como un espacio homogéneo en el que no cuentan las distintas identidades culturales ni las desigualdades sociales. Las diferencias se colocan en el ámbito de lo individual y privado.

Pero frente al modelo de democracia y de derecho, de origen liberal, se ha dado, de hecho, otro modelo que corresponde a un ámbito cultural diferente, que podríamos llamar “modelo comunitario”. Se presenta como un ideal en muchas comunidades indígenas en América Latina. No es igual a una democracia representativa, como la liberal, basada en los partidos políticos. En una “democracia comunitaria” el poder último residiría en una asamblea en la que todos pueden tomar la palabra; después de una discusión, se decide por consenso respecto a los asuntos importantes. La asamblea nombra, entre las personas que considera más sabias y experimentadas, un llamado “consejo de ancianos”, especie de Senado, encargado de ejecutar las decisiones cotidianas y de dirimir las disputas. Las personas que ocupan los cargos menores duran en su función un corto tiempo, no reciben retribución alguna y son revocables en todo momento. Todas las personas tienen que contribuir con un servicio colectivo no retribuido en tareas de beneficio colectivo. En compensación, todos son asistidos por la comunidad en caso de dificultades.

Una democracia comunitaria estaría dirigida por los siguientes principios: 1. La prioridad de los deberes hacia la comunidad sobre los derechos individuales. El servicio a la comunidad es condición de pertenencia y la pertenencia, condición de derechos.

2. La realización de un bien común está propiciada por procedimientos que garanticen la participación de todos en la vida pública. Son procedimientos de democracia participativa que impiden la instauración de un grupo dirigente sin control de la comunidad.

3. Las decisiones que se tomen se orientan por una meta: acercarse lo más posible al consenso. Esos principios evitan la exclusión.

Una democracia comunitaria puede darse en comunidades de dimensiones reducidas, donde todos pueden comunicarse entre sí y deben reunirse para llegar a acuerdos. Una democracia directa, en cambio, deja de ser posible al rebasar ciertos límites. ¿Podría adaptarse a la situación de sociedades modernas complejas, donde se acepta una pluralidad de formas de vida y de concepciones del bien diferentes? Solamente si las ventajas de una democracia comunitaria pudieran seguir las siguientes ideas regulativas:

1. Frente al individualismo de la democracia liberal se inspiraría en una democracia comunitaria, intentando revalorizar las formas de vida e instituciones comunitarias.

2. El reconocimiento de las comunidades como base de la democracia implicaría una difusión del poder político de la cima a la base del Estado. En los países multiculturales, como México, comprendería el reconocimiento de las autonomías de los pueblos que componen la nación y la delegación de poder a comunidades y municipios.

3. El poder político se acercaría así al pueblo real. Para evitar el dominio político de los espacios locales se tendrían que renovar y, en su caso, inventar procedimientos de una “democracia participativa”, mediante los cuales los hombres y mujeres, en los lugares donde viven y trabajan, pudieran decidir libremente de los asuntos que les conciernen. Los mandatarios electos por esos procedimientos deberían rendir cuentas de su gestión en todo momento.

4. Sin embargo, las relaciones comunitarias, que pueden prosperar en ámbitos reducidos, no podrían tener el mismo carácter a nivel del Estado nacional. Entonces, los efectos nocivos de la representación podrían ser limitados por procedimientos inspirados en formas de democracia directa: apertura a todas las asociaciones y no sólo a los partidos para presentar candidatos, referendos y consultas populares en varios niveles sobre temas que no requieran conocimientos técnicos.

5. Por la transmisión de competencias a los poderes locales, las funciones del Estado quedarían reducidas a renglones específicos: relaciones internaciones, dirección general de la economía, seguridad, defensa, protección del medio ambiente, por ejemplo. Frente al Estado-nación homogéneo, cuyo poder centralizado dominaba a los poderes locales, tendríamos un Estado plural que derivara su poder del reconocimiento y la cooperación de las diferencias. Si el derecho a la igualdad priva en un Estado liberal homogéneo, el derecho a la diferencia y a las solidaridades con los diferentes sería el principio más importante de ese Estado plural.

6. La función fundamental del Estado sería promover el bien común que puede unir a todas las diferencias. Un Estado plural no podría imponer una concepción del bien común sobre otras, pero tampoco podría ser neutral. Su función sería justamente mantener la cooperación y la ayuda mutua entre todas las entidades que lo integran. El bien común del Estado plural tendría como condición la no exclusión. Y la no exclusión es la condición primera de la justicia.

¿Utopía? Tal vez. Pero el “no lugar” de la utopía sería también un camino hacia una sociedad más justa

Comentario Personal

Luis Villoro ha sido una persona muy interesada en el Estado y en el perfecto ejercicio de la democracia, este escrito nos propone lo que ordinariamente debería de hacer el Estado para su correcto funcionamiento, pero claro que hay muchas cosas que impiden que exista un engranaje ideal en las piezas del Estado, se escribe muy fácil, pero no lo es el ejercerlo, y como bien él ice, formaría parte de nuestro concepto de utopía, desgraciadamente.

5 Noviembre, 08

Ciencia, política, filosofía e ideología

Archivado en: Luis Villoro — juliosutd @ 4:39 am

Ciencia, Política, Filosofía, Ideología

Hola de nuevo, ahora les traigo más material de lectura que Luis Villoro escribió en alguna ocasión para Letras Libres. Creo que éste es un verdadero escrito, ya que va hilando poco a poco temas que parecerían agua y aceite y logra hacer un texto amenamente escrito. Les dejo el vínculo para que lo bajen, está en PDF, imprímanlo para que lo puden disfrutar de mejor forma, lo lean poco a poco, lo subrayen, en fin, como prefieran. Saludos.

29 Octubre, 08

Breves de Villoro

Archivado en: Luis Villoro — juliosutd @ 3:06 am

1. Como parte de el homenaje a Carlos fuentes, quien este año cumplió los 80 años de vida, Luis Villoro figura entre las principales personalidades que estarán en éste. Obras de teatro, cine, presentaciones de libro, conferencias, entre otras cosas serán parte del reconocimiento al escritor mexicano autor de “Gringo Viejo”, entre otros. Juan Villoro, también confirmó su asistencia.

2. Encontré un texto de nuestro escritor, titulado Resistencia, y nos cuenta un poco de cómo el haber estado en una marcha pro-Andrés Manuel Lópes Obrador, le remite a su pasado y a aquella marcha del 68. Disfruten.

El 30 de julio: una marcha por todo Paseo de la Reforma. Solidaridad. Sentimiento co- lectivo de esperanza, en la confianza de estar en lo justo.

Recuerdo hace mucho otra marcha semejante. Era la manifestación de la sociedad civil para protestar por la represión del movimiento estudiantil de 1968. Hace ya cerca de 40 años. Desde entonces no recuerdo un movimiento civil semejante. La marcha se detiene ahora varias veces en su recorrido. No puede pasar fácilmente. Todos se apretujan para acercarse al Zócalo. Se llena todo Paseo de la Reforma. Más de un millón de personas de todas las edades y condiciones. Todos movidos por una misma decisión, por una misma confianza. La marcha era signo de lo que puede llegar a ser un movimiento general de resistencia. Era la presencia de la sociedad civil en resistencia.

Un movimiento de resistencia puede ser del todo diferente a un movimiento revolucionario. En efecto, una revolución se efectúa en una ruptura violenta; un movimiento de resistencia, como el que empezó a manifestarse en la marcha, rehúsa la violencia. Otra diferencia: muchos movimientos revolucionarios se expresaron con ideologías conceptuales precisas (por ejemplo, el marxismo). Un movimiento de resistencia civil no violento, en cambio, no se expresa en una ideología, sino en una actitud colectiva de rechazo ante una injusticia sufrida, que podría expresarse en varias concepciones. Esta actitud está más allá de una ideología política específica o de alguna adhesión religiosa; se manifiesta en una actitud de rechazo común ante una injusticia sufrida. Y ese movimiento, si logra fuerza, puede ser el impulso que conduzca a una transformación radical de la sociedad.

No sólo en México, en otros países ha habido ejemplos paradigmáticos de movimientos de resistencia civil que transformaron una sociedad. Así, la lucha de Gandhi frente a la violencia (ahimsa), que logró el fin del dominio británico en la India. O el movimiento encabezado por Nelson Mandela en Sudáfrica contra el salvaje apartheid, que condujo a una nueva democracia multirracial. O aun la lucha por los derechos civiles encabezada, entre otros, por Martin Luther King, en Estados Unidos. Inclusive, por fin, la llamada “revolución de terciopelo”, en la antigua Checoslovaquia y en Polonia, que terminó con los regímenes dictatoriales soviéticos.

Todos esos movimientos empezaron con una resistencia civil que condujo al afianzamiento de una democracia que, en su inicio, había sido objeto de una injusticia. También en nuestro país una chispa la incendió. Fue el desafuero injustificado del jefe del gobierno capitalino; luego la sospecha de un fraude electoral masivo. Como en los movimientos amplios en el extranjero que he recordado, es la conciencia de un acto de injusticia realizado el que puede encender un movimiento masivo de resistencia.

Pero la resistencia civil, aunque incitada por un acto de injusticia, expresa -tal vez sin enunciarlo claramente- el síntoma de una actitud permanente de sorda indignación ante un sistema que nos divide entre los privilegiados y los excluidos, entre los que pretenden tenerlo todo y los que defienden sólo su dignidad frente a una desigualdad social inadmisible. Por eso frente a la corrupción general del sistema sólo cabe la resistencia.

Ante el movimiento de resistencia civil, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) sólo tiene una respuesta: contar voto por voto para limpiar la elección. Todos debemos aceptar su propuesta; es la única manera de salvar nuestra frágil democracia. Pero esa acción, necesaria, es sólo el comienzo. ¿Basta con ello? Pienso que no.

Porque el posible fraude es solamente el fondo de un pozo más profundo que se fue cavando en las largas y costosas campañas cargadas de improperios y calumnias, con la permisión de un Instituto Federal Electoral incompetente y de un Presidente parcial. El fraude tuvo una condición: sólo fue posible en un México escindido, dividido en dos, entre ricos y pobres, entre privilegiados y excluidos, que se nos quiere imponer.

Supongamos, en efecto, que frente a la posibilidad de un fraude el tribunal electoral diera la razón a la impugnación de la coalición Por el Bien de Todos. Eso podría darnos una satisfacción pasajera, que permitiría justificar moralmente la resistencia. ¿No habría, sin embargo, que continuarla? Porque después del fallo del tribunal se iniciaría un camino lento, sembrado de obstáculos, para eliminar la corrupción y aminorar la desigualdad y la injusticia existentes.

Pensemos, en cambio, que el tribunal fallara en favor de la derecha y diera, aunque por estrecho margen, el triunfo a Calderón. Sería necesaria entonces una acción colectiva permanente de la sociedad, hasta lograr la transformación del sistema que auspició, directa o indirectamente, el fraude. Abriría el camino a una resistencia esta vez organizada, pacífica sin duda, pero sin tregua. Sería una lucha ardua, pero sería necesaria.

Así, pienso que, sea cual fuere la decisión del tribunal, es indispensable tratar de abrir el camino que nos acerque a una sociedad más igualitaria. Sólo mediante la resistencia de la sociedad civil podemos lograr que no curvemos la cabeza ante la injusticia.

3. Me da gusto ver que cuando en mi buscador tecleo “Luis Villoro”, ya nuestro blog está dentro de las 10 primeras opciones, espero poder seguirles entregando material de calidad y que les sea tan útil como a mí.

22 Octubre, 08

La despenalización del aborto

Archivado en: Luis Villoro — juliosutd @ 11:49 pm

Sin duda, el aborto siempre ha sido un tema de mucha polémica, en México hace más de un año que ha dejado de ser castigada esta práctica y se convirtió en una “salida” para las mujeres. Sin embargo desde el punto de vista ético hay muchas cosas que analizar… ¿Quién mejor que Villoro para que nos hable sobre este tema?

Ante el actual debate sobre la despenalización del aborto sería útil recordar, como un antecedente, lo que muchos pensadores de la Iglesia Católica han escrito sobre ese tema.

En los primeros siglos del cristianismo, los Santos Padres tuvieron opiniones divididas entre la aceptación de la “animación inmediata” (el alma informa al feto inmediatamente después de la concepción) y la “animación retardada” (el alma da forma al feto –forma humana, de cuerpo y alma– después de cierto tiempo).

San Agustín (354-430), en su Comentario al Evangelio de San Juan y en el De Anima, sostiene que no se considera homicidio el aborto de un feto aún no formado, y señala la animación del feto en el día 45 después de la concepción. San Buenaventura (1225-1274), In sententias, opina que el aborto es posible “antes de que el feto esté organizado”. San Alberto Magno (1206-1280) sostiene que el alma es infundida por Dios, la del varón a los cuarenta días y la de la mujer a los noventa. (Es bien conocido que el varón se forma más rápido que la mujer.) Santo Tomás de Aquino (1225-1274), en el De Potentia, acepta la animación hasta que el cuerpo esté organizado por “formas sustanciales” anteriores; en su Comentario a las Sentencias sostiene –al igual que San Alberto Magno– que la animación del feto se da a los cuarenta días para el varón y a los noventa para la mujer. Más tarde, el jesuita Luis de Molina (1535-1600) dice que, en la práctica, la Santa Sede admite que el feto sólo después de cincuenta días de concebido tiene un alma racional.

Éstos son sólo ejemplos de muchos autores católicos, aceptados por la Iglesia, que aprueban la posibilidad del aborto si se realizara antes de cierto tiempo (entre cuarenta y noventa días, según el caso). Las opiniones de esos pensadores diferían de quienes sostenían la idea de la animación inmediata del feto, obra –igual que la retardada– directa de Dios.

Sin embargo, en 1917 (hace, por lo tanto, casi un siglo), después de una amplia discusión, en la época del pontificado de León XIII, se estableció la doctrina de la animación siempre inmediata del feto, que es la opinión católica oficial, la de la Santa Sede y la jerarquía, condenatoria del aborto tanto inmediato –muy cercano a la concepción– como retardado. Es la doctrina actual de la Iglesia Católica, basada en el Derecho Canónico de 1917.

En las últimas encíclicas de los papas, de Pío XI y XII en adelante (desde 1930), se da por sentada la condenación del aborto, bajo pena de excomunión. Esto fue confirmado en varias conferencias episcopales de diversos países, desde 1969 (en México, en 1975).

¿Qué podemos concluir?

1. En primer lugar, la despenalización del aborto plantea un problema que, aunque es estrictamente jurídico y moral, debe tomar en consideración razones basadas en la situación actual de la ciencia.

La ciencia establece, como condición mínima para considerar un cigoto hasta cierto punto desarrollado –un óvulo humano fecundado por un espermatozoide humano que ha progresado un tanto en su desarrollo– como una persona humana, el que contenga también cierto desarrollo de la corteza cerebral que pueda hacer posible, en un futuro, el razonamiento y la comunicación con otros hombres. En este sentido, en el nivel metafísico, ese estadio inicial de la corteza del cerebro coincidiría con la “animación retardada” de la tradición aristotélica –que supone la división de la persona entre alma y cuerpo–, e igualmente podría aceptar la teoría darwiniana de la evolución –que supone la transformación del ser humano a partir de manifestaciones vivas de especies anteriores. En este mismo sentido, una concepción científica, por antigua que sea, como la aristotélica, o como la actual en la genética y la de la Teoría de la Evolución, serían compatibles con ciertas ideas morales o religiosas.

2. Es sólo en ese campo (el religioso y no el científico) donde puede plantearse una discusión teológica sobre la animación en el feto (que podría ser inmediata o retardada). Ésta ya no es, pues, una discusión científica sino teológica. Es obvio que la doctrina católica no plantea dudas actualmente sobre la animación inmediata. Pero es la concepción de la animación retardada la que suscitó muchas discusiones. Por esa razón, la Santa Sede, durante siglos, se inclinó por la idea de la animación retardada como condición mínima para la existencia humana. En eso concordaba con los teólogos antiguos que antes recordábamos, y era también congruente con la ciencia entonces conocida. Es lo que sostenían, con convicción casi unánime, los teólogos de la Edad Media.

Es solamente en la época actual, en que la alta jerarquía de la Iglesia emite un fallo, basado en razones religiosas o metafísicas, y consensuado en los Concilios, desde 1930 en adelante, cuando se sostiene la condenación del aborto.

Es claro, en consecuencia, que la despenalización del aborto evoca ideas que, durante siglos, fueron aceptadas por el catolicismo como una base de discusión entre la animación inmediata y la animación retardada. Muchos teólogos serios siguen sosteniendo la doctrina de la animación retardada, en contra de la decisión actual de la alta jerarquía eclesiástica –que muchos fieles aceptan– a favor de la llamada animación inmediata, con base en la cual se condena moral y religiosamente el aborto.

Fuente: http://www.letraslibres.com/index.php?art=12235

19 Octubre, 08

Juan, el hijo

Archivado en: Luis Villoro — juliosutd @ 5:19 am

Bien, ahora toca hablar del motivo por el cual yo escogí averiguar sobre Luis Villoro, se trata de su hijo, Juan Villoro, de quien tengo un libro dedicado que habla sobre el deporte rey en México, el futbol, me refiero a Dios Es Redondo, cuando lo leí me dí cuenta que sí existen escritores que pueden describir a este deporte con mucha sofisticación. He aquí una breve biografía.

Juan Villoro, nació un 24 de septiembre de 1956, en el D.F., estudió la licenciatura en sociología en la UAM Iztapalapa, porque, según sus palabras: «…En mis figuraciones de entonces, creía que mataría mi pasión escritural estudiando formalmente algo que era un vicio libre». También fue parte del taller de cuento impartido por el escritor guatemalteco Augusto Monterroso. Aficionado al rock condujo el programa radiofónico “El lado oscuro de la luna” (haciendo referencia al álbum de Pink Floyd) en Radio Educación entre 1977 y 1981 cuando fue nombrado agregado cultural en la Embajada de México en Berlín, entonces en la República Democrática de Alemania.

Desde entonces era un miembro activo en la vida periodística mexicana, muy a menudo escribiendo sobre temas como deportes, rock y cine, además de literatura. Como periodista ha escrito en numerosas revistas y periódicos como Vuelta, Nexos, Proceso, Cambio, unomásuno y La Jornada; en este último dirigió el suplemento La Jornada Semanal entre 1995-1998. En esta faceta ha sido cronista de varios Mundiales: Italia 90 para El Nacional, Francia 98 para La Jornada y, recientemente,  Alemania 2006.

También ha sido profesor de literatura en la UNAM y profesor invitado en la Universidad de Yale, la de Boston y la  Universidad Pompeu  Fabra.

Durante años escribió cuentos, artículos y crónicas hasta que en 1991 se publicó su primera novela El disparo de argón. Sin embargo su mayor éxito de público fue como escritor para niños, hasta que en 2004 apareció El testigo con el que obtuvo el premio Herralde de novela, otorgado por la editorial Anagrama.

Su primera participación como guionista de cine fue en Vivir Mata de  Nicolás Echeverría.

Actualmente publica todos los viernes una columna en el periódico  Reforma.

En marzo de 2008 Juan Villoro recibió el premio Antonin Artaud en la Embajada de Francia

1 Octubre, 08

El grupo Hiperión

Archivado en: Luis Villoro — Etiquetas:, — juliosutd @ 12:28 am

Después de haber visto a Villoro en su pantalla, vuelvo a las letras, en esta ocasión me gustaría contarles sobre un grupo donde él estuvo, el cual ha sido considerado el conjunto de filósofos más grande de la historia de México, me refiero al Grupo Hiperión, hace un par de años la revista El Proceso les dedicó un artículo, aquí tienen detalles de este grupo al cual perteneció y que dio un giro a la filosofía mexicana. Intenté dejarlo casi tal y como está en la revista, disfruten.

El más importante grupo filosófico que haya dado México a lo largo de su historia, es el autollamado Hiperión, que floreció a mediados del siglo pasado y que centró su atención en el ser del mexicano.

Su trabajo e inquietudes lo sitúan ya en el primer sitio del pensamiento moderno en nuestro país. Si
bien no fueron sus 9 miembros los primeros en pensar ontológicamente lo mexicano, sí cerraron el
círculo, capitaneados por Leopoldo Zea, quien falleció dos aos atrás.

Ahora la Universidad Nacional Autónoma de México, sitio que albergó su formación e impulsó su obra,
rinde tributo al conjunto con un volumen, “El hiparión”, donde se recogen ensayos y fragmentos de
ensayos debidos a su investigación.

Ellos son: “Jean Paul Sartre, filósofo de la libertad”, de Ricardo Guerra; “¿Hay una moral
existencialista?”, de Joaquín Sánchez McGregor; “Descripción fenomenológica del relajo”, de Jorge
Portilla; “La finura del mexicano”, de Salvador Reyes Nevares: “El accidente del mexicano” y
“Carácter y ser del mexicano en la poesía de López Velarde”, de Emilio Uranga; “Soledad y comunión”
y “Lo indígena como principio oculto de mi yo que recupero en la pasión”, de Luis Villoro; y “La
filosofía como compromiso”, “La Revolución como conciencia de México” y “El mexicano como
posibilidad”, de Leopoldo Zea.

El libro, de 211 páginas, es presentado así por los editores pumas:

“La filosofía de lo mexicano del Hiperión pretendía ir más allá de las investigaciones históricas,
antropológicas o psicológicas, no sólo en lo que respecta a la profundidad de las cuestiones planteadas,
sino por la manera en la que las respuestas que se diesen a ellas habrían de dar un sentido a los
proyectos de vida, individuales y colectivos de los mexicanos.”

Hiperión, en la mitología griega, es “el que aparece antes que el Sol”. En la literatura griega posterior es
considerado a menudo el dios de la observación, y su hermana Tea la diosa de la vista. De Hiperión se
nos dice que fue el primero en entender, por su diligente atención y observación, el movimiento del sol,
la luna y las demás estrellas, así como de las estaciones.

El siguiente es el fragmento inicial del prólogo, debido a Guillermo Hurtado, a quien se
debe la selección de estos textos:

“El hiperion y su tiempo”

El Hiparión fue un grupo de jóvenes profesores y alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de
México integrado por Emilio Uranga (1921-1988), Jorge Portilla (1918-1963), Luis Villoro (n.
1922), Ricardo Guerra (n. 1927), Joaquín Sánchez McGregor (n. 1925), Salvador Reyes Nevares
(1922-1993) y Fausto Vega (n. 1922). Leopoldo Zea se une al grupo cuando éste elige como su tema
de estudio a lo mexicano y, a partir de entonces, él se convierte en su principal organizador y
promotor.

El Hiperión tuvo actividad pública de 1948 a 1952. Su presentación tuvo lugar en la primavera de 1948
con un ciclo de conferencias sobre el existencialismo francés. En el otoño de ese año imparten otras
conferencias sobre los “Problemas de la filosofía contemporánea”. Ya sea sobre el tema de lo mexicano,

organizan los siguientes encuentros: “¿Qué es el mexicano?” En 1949, “El mexicano y su cultura” en
1951, y “El mexicano y sus posibilidades” en 1952. El Hiperión publicó la mayoría de sus trabajos en la
revista Filosofía y Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y en la colección de libros
México y lo Mexicano, que se publicó entre 1952 y 1955 con el sello de Porrúa y Obregón. También
aparecieron trabajos de los hiperiones en otras revistas académicas como Cuadernos Americanos y en
los suplementos culturales más importantes de la época, como La Revista Mexicana de Cultura de
El Nacional.

Dentro del grupo había, como es natural, varias diferencias y asimetrías. Zea era el de mayor edad, se
acercaba a los cuarenta años hacia 1950, y ya era, para entonces, un conocido profesor de filosofía.
Uranga y Villoro tenían poco menos de treinta años y eran alumnos avanzados y brillantes de la
carrera de filosofía. El primero era considerado por sus maestros y por sus condiscípulos como
poseedor de un talento excepcional; entre los hiperiones, Uranga era, como recuerda Villoro, primus
inter pares. Guerra y Sánchez McGregor eran más jóvenes, apenas pasaban de los veinte años y,
aunque excepcionales en muchos sentidos, no tenían aún la formación académica ni la madurez
intelectual de los anteriores. Reyes Nevares y Vega, amigos y coetáneos de Uranga, estaban inscritos
en la Facultad de Derecho y su trabajo estaba más cerca del ensayo que de la filosofía profesional.
Portilla ya pasaba de los treinta años y no puede medírsele con parámetros académicos: era un
hombre inteligente, carismático y atormentado.

El grupo se disolvió hacia 1953 y entonces los hiperiones tomaron distintas rutas vitales: los estudios
en el extranjero, la carrera académica, los cargos públicos, los puestos diplomáticos, el cultivo del
periodismo y de las letras. Todos ellos abandonaron la filosofía existencialista.

Existen varios testimonios de la actividad del grupo y, en general, del geistzeit (espíritu del tiempo) de aquellos años.
Aquellos eran los tiempos –descritos por Fuentes en su novela La región más transparente— de la
construcción del México moderno, del optimismo –a veces ingenuo y a veces cínico— del sexenio
alemanista. Los hiperiones vivían intensamente sus circunstancia y se veían a si mismos como una
generación en el sentido orteguiano del término.

Fuente:

www.proceso.com.mx/columna.html?sec=0&nta=49394

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