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Archive for the ‘Roger Bartra’ Category

Roger Bartra

Por Carla Mariana

 Nació en la Ciudad de México en 1942, hijo de exiliados catalanes. Antropólogo, sociólogo, escritor y ensayista. Estudió un doctorado en Sociología en la Universidad Sorbona de París, es investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México y ha sido profesor en varias importantes universidades de México y el extranjero. Dirigió durante más de cinco años la publicación “La Jornada Semanal”. Colaboró también en el guión de la película “El Mezquital”, del director Paul Leduc.

Roger Bartra es un referente imprescindible dentro de la antropología y del pensamiento mexicano. Después de haber hecho la investigación sobre los problemas de la identidad nacional, le pareció que sería pertinente un viaje antropológico, “dirigir la mirada a los europeos que tanto nos han influido, observar las fuentes de esta melancolía en nuestra tradición cultural”. Roger Bartra es conocido por sus trabajos sobre las redes imaginarias y por su interés por cómo se genera, construye y reproduce el poder. También son conocidos sus trabajos sobre la construcción del mito del salvaje por los europeos.

Actualmente el Dr. Bartra es Investigador Titular por la UNAM de México. es doctor en Sociología por la Universidad de la Sorbona, París y doctor en Sociología por la Universidad de París.

El Dr. Bartra ha mostrado también una especial sensibilidad por la literatura y la poesía. Como hijo de un poeta catalán exiliado por la tragedia civil española ha cultivado con amor su herencia literaria.

Es autor de varios ensayos y libros, como “El duelo de los ángeles. Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno” (2004); “Oficio mexicano” (1993) y “La Democracia Ausente” (2000), entre otros.

Nunca se me hubiera ocurrido comparar al espíritu mexicano con un ajolote. Para todo aquel que quiera descubrir su mexicanidad basándose en diversos puntos de vista Bartra no será nunca una mala opción.

Referencias:

R. Bartra; La jaula de la melancolía; De bols!llo; México, 2005.

 El blog de Roger Bartra en letras libres:

http://www.letraslibres.com/blog/blogs/index.php?blog=11

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Axolotiada

Esta es la última entrada sobre el señor Bartra, ojalá que les haya gutado esta probadita deLa jaula de la melancolía.

Acá está la última axolotiada:

No tenemos cosa nuestra sino el tiempo,
donde vive quien no tiene lugar.

Balatasar Gracián,
Oráculo manual,
247

El delfín civilizado nada diez veces más rápido que el primitivo axolote, razón por la cual en la carrera clásica, como hiciera Aquiles con la tortuga, le da mil metros de ventaja a nuestro pobre urodelo. Cuando el delfín ha recorrido, en un abrir y cerrar de ojos, los mil primeros metros, el pequeño axolote lleva cien metros de delantera; cuando el delfín recorren esos cien metros el axolote aún lleva –por diez metros – la delantera: nunca será alcanzado, pues el tiempo le pertenece. Moraleja: los delfines civilizados jamás deben darle ventaja alguna a los primitivos axolotes, pues es sabido que su presencia produce extrañas distorsiones en el desarrollo normal de la cinta del tiempo.

Aquiles, el delfín, vive en una de esas épocas heroicas que hay en la historia –y en la vida–, en que todo parece tener relación con todo: el universo entero aparece mediado por infinitas conexiones, de tal manera que podemos alcanzar cualquier punto a partir de donde estamos, saltando de una conexión a otra, en una cadena de trascendencias que nos deja la ilusión de escapar de las contradicciones, siempre progresando en dirección a la síntesis. Pero hay épocas en que el delfín se topa con el axolote: tiene que aceptar que hay otras osas ajenas al universo que conoce; que hay mundos separados e incoherentes, entre los cuales no hay conexiones congruentes. El axolote anuncia la época del teorema de Göedel: en la medida en que, gracias a la razón moderna, el mundo de vuelve más consistente, aparecen más evidencias de que existen verdades que escapan al sistema dominante. La única manera que algunos han encontrado de abarcar al Otro, a las otras verdades, consiste en desbaratar  la consistencia de su mundo: pero se cae en el vértigo del desorden total, en el delirio de la ausencia de límites y fronteras en el reino de la entropía.

Por eso, cuando algunas ideas que se han escapado del Otro –son transpuestas a este mundo en forma domesticada y mitificada, crean una sensación de tranquilidad, legitimidad y poder. Hacen creer que el Otro no es tan terrible y amenzador como se supone.

Bibliografía: R. Bartra; La jaula de la melancolía; De bols!llo; México, 2005.

 

 

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Los habitantes del paraíso eran inmutables y por eso no tenían necesidad de reproducirse: «Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse de ello» dice el Génesis. Pero después, como se sabe, llegó la serpiente y tentó a la hembra. Es curioso encontrar en las ciencias naturales un interesante paralelo a este mito del pecado original. En efecto, una importante explicación del origen del hombre nos dice que la especie homo sapiens es el desarrollo de la infancia de nuestros antecesores. El verso de Wordsworth adquiere otra dimensión al leer los estudios de los biólogos: La horrenda verdad sobre nuestro origen es clara –dice Gould–: hemos evolucionado mediante la retención de los caracteres juveniles de nuestros ancestros, un proceso conocido técnicamente como neotenia (literalmente, «manteniendo la juventud». La neotenia –fenómeno similar a otro conocido con el nombre más cercano a la mitología de progénesis– significa la conservación de las características larvarias en animales que sin embargo son capaces de reproducirse. La progénesis aparece como un fenómeno verdaderamente demoniaco: es la posibilidad que tiene la infancia de evitar la vejez. Dos larvas, dos niños, hacen el amor y se reproduces: sus descendientes nacen con la misma capacidad de reproducirse antes de llegar a la madurez. Surge así una nueva especie. Louis Bolk, el anatomista holandés y pionero del estudio de la neotenia humana, resumió así sus ideas: «El hombre, en su desarrollo corporal, es un feto de primate que ha llegado a ser sexualmente maduro». Bolk describió las múltiples similitudes entre el hombre y el embrión de los monos y de los simios, para sustentar su teoría: el cráneo redondo y bulboso la cara «juvenil» (perfil recto, quijadas y dientes pequeños), la cerrazón tardía de las suturas del cráneo (lo que permite el crecimiento posnatal del cerebro), el dedo grueso del pie fuerte y no oponible (lo que nos ayuda a caminar erguidos), la ubicación del foramen magnum en la base del cráneo, apuntando hacia abajo, lo que permite mirar hacia delante al estar en posición erguida), el canal vaginal de las mujeres apunta hacia el vientre (por lo que podemos copular muy cómodamente cara a cara). Todos ellos son rasgos de los embriones de muchos mamíferos y especialmente de los simios; con el desarrollo del embrión del simio estos rasgos se pierden: el cráneo se alarga, la cara se «endurece» se cierran las suturas craneanas, el dedo grande del pie se vuelve oponible permitiendo la actividad prensil de las extremidades inferiores, el agujero craneano en el que se conecta la espina dorsal se desplaza hacia la parte de atrás (por lo que el macho sólo puede cubrir a la hembra por la grupa). En resumen: la retención en la especie humana de los rasgos fetales y larvarios de sus ancestros permite la práctica de varios pecados extraños y originales, como caminar sobre los dos pies, trabajar con las dos manos y fornicar en formas sofisticadas y diversas. Estrictamente hablando, neotenia y progénesis no sin sinónimos,: aunque en ambos casos hay una retención de caracteres juveniles, en la neotenia ello curre por el retardo en el desarrollo somático, mientras que en la progénesis hay una maduración sexual precoz. Unos son adultos con rasgos infantiles; otros son niños precoces. No sabemos qué ocurrió en el edén: ¿retuvieron la ingenuidad primitiva al amar o maduraron anticipadamente sus deseos eróticos? La idea de progénesis (y de neotenia) no es fruto de la mera especulación, es un fenómeno que los zoólogos observan empíricamente. El ejemplo más citado de la neotenia es nada menos que nuestro axolote, ese extraño anfibio mexicano entorno al cual se han amalgamado historias y leyendas. El axolote es la larva acuática de la salamandra; es capaz de reproducirse para conservar así su eterna juventud y eludir, por tanto, la metamorfosis. El axolote, como se ve, no es tan ajeno a nosotros como podría hacernos pensar su aspecto monstruoso. Bibliografía: R. Bartra; La jaula de la melancolía; De bols!llo; México, 2005.

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Simulacro

En la  naturaleza no hay  realmente sino individuos,

 y los géneros, órdenes

y clases solamente existen en nuestra imaginación.

Buffon, Historia natural.

 

   Entró al jardín por la puerta de la rue Cuvier y se encaminó lentamente al laberinto que dos siglos antes había diseñado Buffon. Subió con algún esfuerzo la colina; arriba, desde el quiosco, contempló con tristeza los árboles sin hojas del Jardín des Plantes; al volver la cabeza para recibir de frente el viento, vio por el rabillo del ojo la mezquita y creyó oír el canto del muecín. Hacía mucho frío esa mañana de febrero; había caminado por los bulevares desde el cementerio de Montparnasse hasta allí, y sólo se había detenido un poco para observar con curiosidad la Salpêtière, como tratando de oír los ecos de las lecciones de Charcot.

   Bajó la colina en dirección al acuario; compró su billete de entrada y escuchó distraídamente el saludo del viejo guardián que ya se había habituado a sus frecuentes visitas.

   –Bonjour, monsieur Cortázar– cantó el anciano.

Fue directamente a visitar a los axolotes. Uno de ellos, con la cabeza apoyada en el cristal lo miraba fijamente con sus ojos dorados. Julio lo reconoció de inmediato: sin duda era Alfonso Reyes. En efecto, el axolote le dijo parafraseando a un escritor español:

   –¡Y decidí convertirme en  axolote, porque axolote se escribe con x!–

   En ese momento Cortázar se percató de que el animal tenía marcada una x marcada en su amplia frente. Pensó que era un ser consciente, esclavo de su cuerpo y de su clase, infinitamente condenado a un silencio abisal, a una reflexión desesperada.

   –Mi cráneo – susurró el axolote –  es el cráneo del indio; pero su contenido de sustancia gris es europeo. Soy la contradicción en los términos…

Es el famoso anfibio del mestizaje, pensó Julio Cortázar.

    – Eso es, el anfibio del mestizaje le dijo Reyes –.

Menos mal si esto fuera agradable y permitiera gozar de dos ambientes. Desgraciadamente no es así, sino aquello del fabulista: «Ni nadas como el bagre, ni corres como el gamo» porque se engaña con la apariencia de una facilidad general y no se da cumplimiento en nada.

    El rostro de Alfonso Reyes era inexpresivo, sin otro rasgo que los ojos, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente, carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por la mirada de Cortázar que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Súbitamente se produjo la transposición y Julio quedó enterrado vivo en la soledad del axolote.

    –El tiempo se siente menos si nos estamos quietos – le dijo Cortázar al inmenso rostro barbado de conquistador que lo miraba desde fuera del agua.

    El alma de los axolotes, meditó Reyes mientras se alejaba del acuario, tiene esa discreción mesurada que, en la poesía han llamado el «tono crepuscular».

 

    –Pues bien – pensó en voz alta Alfonso Reyes, mientras enfilaba sus pasos con prisa por el bulevar de l’Hôpital –: esta reserva, este freno, esta desconfianza, esta necesidad constante de la duda y la comprobación, hacen de los axolotes algo como unos discípulos espontáneos del Discurso del método, unos cartesianos nativos.

 

    Siguió caminando por St. Marcel y subió por el bulevar Port-Royal. Quería llegar a tiempo al cementerio de Montparnasse: esa mañana gris de 1984  enterraban allí a Julio Cortázar, que había muerto la víspera. Se acordó, al llegar a las puertas del cementerio, que el axolote había murmurado algo como despedida:

    –En esta soledad final, a la que no volverás, me consuela pensar que acaso alguien va a escribir sobre nosotros los axolotes.

R. Bartra; La jaula de la melancolía; De bols!llo; México, 2005.

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“La nación es el más hollado y a la vez más impenetrable de los territorios de la sociedad moderna. Todos sabemos que esas líneas negras en los mapas políticos son como cicatrices de innumerables guerras, saqueos y conquistas; pero también sospechamos que además de la violencia estatal fundadora de las naciones, hay antiguas fuerzas de índole  cultural y psíquica que dibujan las fronteras que nos separan de los extraños. Estas fuerzas sutiles, sometidas a la inclemencia de los vaivenes de la inclemencia de la economía y la política, son sin embargo  responsables de la opacidad del fenómeno social. Entre otras cosas, esta opacidad oculta los motivos profundos por los cuales los hombres toleran un sistema de dominación y con su paciencia le imprimen un sello de legitimidad a la injusticia, a la desigualdad y a la explotación. En este ensayo me propongo penetrar en el territorio del nacionalismo mexicano y explotar algunas de sus manifestaciones para avanzar en el estudio de los procesos de legitimación del Estado moderno”.

Así empieza el primer capítulo del libro La jaula de la melancolía, escrito por Roger Bartra en 1987 y que según dicen es una reflexión crítica y ya clásica sobre la cultura mexicana contemporánea. En él se habla de los lugares comunes del carácter mexicano y al leerlo con cuidado se llega a la conclusión de que el carácter de lo mexicano es sólo una entelequia artificial que sólo tiene una existencia literaria y mitológica.

Aquí está la primera parte del índice:

PENETRACIÓN

1.     Simulacro

2.     El edén subvertido

3.     Progénesis

4.     El luto primordial

5.     Anfibologías

6.     El tiempo sin sentido

7.     Axolotiada

8.     La muerte fácil

9.     Xólotl, el que no quería morir

10. El héroe agachado

11. El axolotófago

12. Hacia la metamorfosis

13. Vulvam habet

14. La prole sentimental

15. El bisturí patriótico

16. Almas quemadas

17. ¿Regreso o progreso?

18. ¿Tiene sentido ser mexicano?

19. Génesis

20. Una pequeña revolución privada

21. Fuga

22. A la chingada

EXPULSIÓN

 

Bibliografía: R. Bartra; La jaula de la melancolía; De bols!llo; México, 2005.

 

 

 

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Roger Bartra Muria nació en la Ciudad de México en 1942, hijo de exiliados catalanes. Antropólogo, sociólogo, escritor y ensayista. Estudió un doctorado en Sociología en la Universidad Sorbona de París, es investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México y ha sido profesor en varias importantes universidades de México y el extranjero. Dirigió durante más de cinco años la publicación “La Jornada Semanal”. Colaboró también en el guión de la película “El Mezquital”, del director Paul Leduc. Es autor de varios ensayos y libros, como “El duelo de los angeles. Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno” (2004); “Oficio mexicano” (1993) y “La Democracia Ausente” (2000), entre otros. roger-bartra

Es un referente imprescindible dentro de la antropología y del pensamiento mexicano.  Roger Bartra es conocido por sus trabajos sobre las redes imaginarias y por su interés por cómo se genera, construye y reproduce el poder. También son conocidos sus trabajos sobre la construcción del mito del salvaje por los europeos.

Actualmente el Dr. Bartra es Investigador Titular por la UNAM de México. Es doctor en Sociología por la Universidad de la Sorbona, París y doctor en Sociología por la Universidad de París III.

El Dr. Bartra ha mostrado también una especial sensibilidad por la literatura y la poesía. Como hijo de un poeta catalán exiliado por la tragedia civil española ha cultivado con amor su herencia literaria.

Fuentes: http://www.aibr.org/antropologia/boant/entrevistas/SEP0201.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Roger_Bartra

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