Samuel Ramos, “El perfil de la cultura mexicana”, en El perfil del hombre y la cultura en México, Lecturas Mexicanas, México, 1987, 83-89 págs.
Una concepción acerca de la influencia europea penetra al pensamiento mexicano de “abandonar” su cultura, comparando y tratando de imitar otra cultura donde subyacen las raíces, más el mexicano no se detiene al intelecto donde podría abarcar una cultura viva y propia. Podría sonar hasta difícil el hecho de “propia”, pero uno es quien no le ha dado el lugar.
Escribe Bolívar, los americanos somos europeos de derecho¹. ¿A qué se refiere? Al hecho de que el “mexicano europeizante” no ha dejado por separado esa imitación, es como algo indispensable para la vida. Teniéndose o no una cultura que nos defina, sólo la podemos encontrar, hasta ahora, por un hecho histórico y el escrito constitucional; y, que por tanto, hay manera de que esto anule la mezcla para crear esto que llamamos “nacionalismo”, mandándola a “pintoresca”.
Algo que ha pasado en México, es la pérdida de una historia verdadera de la cultura mexicana, y esto ha causado el hecho de que éstos pierden la noción de tierra que pisan para modificar esa “verdad”, más, se tiene que volver sincero para valorar y aceptar la vida y el suelo en el que se tocó estar, sin avergonzarnos de nada; y somos nosotros quienes provocamos estos padecimientos porque aún mantenemos cegada la realidad con la vanidad.
¿De qué manera podemos hacer una introspección nacional? La única respuesta sencillamente va dirigida a la pasión.
Es decir, sólo podremos conocernos a nosotros mismo como individuos o como pueblo, cuando a nuestras pequeñas pasiones podamos oponer la gran pasión de la verdad, que es una forma de amor desinteresado hacia las personas y las cosas, reales o aún ideales; amor por el conocimiento cuyo símbolo mejor es el eros platónico. ²
Parte eficaz de la experiencia regía ante la magia por convertirla en idea, pero a esto una investigación científica quedaría sólo a un montón de documentos. Ya que, este “nacionalismo” es prejuicio de la mente del investigador, así que podría ser una forma de creer una “ciencia mexicana” sin necesidad del conocimiento de la ciencia universal. Por ello, todo esto va a una imagen orientada a la realidad con prejuicio; este orienta a un fenómeno en que se pueden encontrar cosas diferentes, en pocas palabras, se podría decir que el prejuicio es llevarse a la investigación científica.
Parte el saber, es un hecho de relacionar nuestra cultura sabiendo lo que ésta es, sin tener que coger las cosas extranjeras. Parte importante, es la educación que se imparta, ya que su papel está en el caso de desarrollar un espíritu individual y cultural; y transformarlos para ser capaces de tener un material de experiencias. El tener conciencia de la cultura, quitando la esperanza de pensamiento europeo, por el cual, le hace volver a la realidad para en un futuro crear una idea sincera de la cultura. Para México, es entender la cultura como algo a seguir, y tener la capacidad de expresar el alma, teniendo en cuenta que la cultura de la vida es algo que se debe separar. Y todo esto lo lleva a que el estudio de la juventud deba ser orientada para la voluntad y la inteligencia, para no caer en el juego de carecer de espíritu y menospreciar la tierra nativa.
Es verdad que, se desconoce la cultura mexicana, de manera que a lo largo del tiempo, hay cosas de la historia que no se han narrado de manera que uno como mexicano pueda entender el valor de la tierra natal y la cultura que, antes de la conquista, se establecía. Y claro que podríamos hacer de ella algo mejor sin quitar la cita de Bolívar, pero menospreciamos el intelecto y el ambiente que diferimos a otros puntos ciegos.
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¹ pág. 83
²pág 85


Samuel Ramos, “Hacia un nuevo humanismo”, en La crisis del humanismo, México, Fondo de cultura económica, 1940, pp.69-73.
Por Dafne S.
Samuel Ramos, “Hacia un nuevo humanismo”, en La crisis del humanismo, México, Fondo de cultura económica, 1940, pp.59-67. Por Claudia Silva
Por Dafne S.

Por Dafne S.
Samuel Ramos, Hacia un nuevo humanismo, “La crisis del humanismo”, México, Fondo de cultura económica, 1940, 20-32