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Archive for the ‘Samuel Ramos’ Category

Samuel Ramos, “Hacia un nuevo humanismo”, en Conclusión, México, Fondo de cultura económica, 1940, pp.97-106.

Por Claudia Silva

Llegando a la conclusión del libro, obtendremos una síntesis de las ideas principales que se desarrollaron a lo largo de todo el texto, enfatizando en los valores del ser humano y su forma de construir una civilización, así como es que a lo largo del libro lo que trata la filosofía planteada en éste es de formar una ideología que pueda dar solución de los problemas planteados sobre la crisis del humanismo.

Algo que llama la atención es que afirma que es anticuada la teoría de la adaptación, y que dice que la teoría del darwinismo es falsa. No podría estar de acuerdo con él, pero dice lo siguiente: “Lo que se modifica no es el ser vivo sino el ambiente que lo rodea. El fenómeno sucede al contrario de como lo describía Darwin: quien se adapta es el medio al ser viviente” (pg. 99). Considero que el cambio es tanto dl ser vivo como del ambiente, ya que un ecosistema nunca se encuentra en equilibrio, pero un ecosistema involucra tanto a los seres vivos como el ambiente, por lo tanto ambos se ambientan.

Sin embargo, considero verdadero que el fenómeno siguiente:

“Una convicción irracionalista muy generalizada supone que las fuerzas operantes en la historia son los instintos ciegos, las pasiones in-inteligentes, en suma, los impulsos que laten en la oscuridad del inconsciente. El papel que se concede a la inteligencia es el de un mero instrumento técnico, para ejecutar las decisiones de una voluntad irracional” (pg. 104).

Concluyendo con la conclusión, interpreta la teoría sobre los valores materiales y espirituales, de igual importancia ambos. Uno de los aspectos más importantes es que “El hombre no es ni exclusivamente un ser material ni tampoco un espíritu puro” (pg. 103).

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Por Dafne S.

Se hará hincapié en el hecho de que la pasión en México siempre se presenta de manera colectiva y por alguna acción trascendental en el medio público; lo cual, esto nos lleva a que dicha sea la necesidad del mexicano para poder mostrar el interés. Y así, hacer de cualquier espacio un escenario para el fervor ciego y libre de lógica.

Más, dictando el hecho de que la pasión llega de manera ciega, negando la razón para ejercer una prudente acción, pero es por ello que se alienta al individuo a seguir, en carencia de ley interna.
En la obra de Aldous Huxley Beyond the Mexique bay: “El hecho más sorprendente acerca de las guerras en la América Central es que ninguna de ellas ha tenido un origen que pueda ser interpretado como económico. Nunca ha sido cuestión de capturar mercados, destruir peligrosos competidores comerciales, atrapar provincias a causa de sus valiosos recursos industriales. Las guerras en las cinco repúblicas han sido entre conservadores y liberales, entre clericales y anticlericales, entre los que desean la república federal y los que claman por una independencia soberana de cada Estado. No han sido guerras de interés, sino de ‘principios políticos’.”¹

Esto solamente hace una referencia al interés político y económico, pero la verdadera magnitud se encuentra no en el sujeto, si no en la masa que mantiene esa pasión viva en referencia ya ha hecho históricos. El interés conllevado a la pasión para dictar a lo largo de la historia el movimiento social en lucha de algo. Pero necesita de un gran desarrollo, y logre guiarse de manera que no impulse al mal manejo de masas y termine en destrucción.
El pensador Allain, citado por Huxley, sintetiza en una fórmula perfecta esta diferencia psicológica esencial: “Los intereses transigen; las pasiones no transigen jamás.”²

Algo exclusivo de los países hispanoamericanos es el hecho de que existan estos movimientos en búsqueda de un orden, pero en realidad se refleja que sólo hay este partido de “materialismo histórico” en una cuestión práctica, pero más allá, la raza mantiene un romanticismo vista desde el joven que otorga su vida por defender sus ideas y principios. Como la frase que expresa la más inhumana de todas las actitudes: “Hágase la justicia aunque perezca del mundo”.
Más siempre se nota que la actitud social en la historia mexicana se llena de vagas especulaciones e intereses que siempre van de la mano con una necesidad, una satisfacción de acreditarte y dejar huella en la historia. Es por ello que la pasión a veces arrasa con el objetivo, dejando de lado el beneficio claro que se estaba buscando, convirtiéndose en un pensamiento individual.
Ya llegando a que existen dos clases de pasión: la introversión que emplea su yo individual, y la extroversión que el tipo individual refiere sus actos, sentimientos e ideas a la norma de la realidad externa. En el caso mexicano es introvertida por lado del inconsciente, su pasión,  y extravertida por el lado de la conciencia, su razón.

Conclusión.
Se ha luchado tratando de justificar este tipo de pasiones e intereses interrelacionados, que parten de un mismo sentimiento pero pierden la noción del objeto, quitando el juicio y razón, allegándose a luchar sin tener consciencia de por qué se está luchando.

¹ pág.109-110
²pág.110

Reseña del texto:

Samuel Ramos, “La pasión y el interés”, en El perfil del hombre y la cultura en México, México, Lecturas Mexicanas, 1987, pp. 109-113.

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Por Claudia Silva

Al comienzo del capítulo se utiliza el término de personalidad como de una cualidad a la que sólo algunos cuantos pueden aspirar y/o alcanzar, con una definición algo ambigua para quien no acostumbra leer filosofía. Es evidente que se trata de una cualidad exclusiva del ser humano, por el mismo nombre que lleva, aunque acostumbramos a darle un sentido distinto, y puede resultar confuso al principio, pero las cosas se aclararán después.

Justamente por el modo en que se emplea el término, es que Samuel Ramos afirma que las personas no tienen personalidad por el simple hecho de ser personas: “En principio se admite que todos los hombres son personas, pero sólo un número reducido se les concede personalidad -nótese el “reducido”-. Mientras que persona es un calificativo que conviene a toda extensión del género humano, el término de personalidad tiene un campo más limitado de aplicación” (pg. 84). Sin embargo, conforme avanza la lectura uno comprenderá que su empleo del término no es tan distinto, simplemente tiene las características particulares antes mencionadas, pero también dice que “la personalidad es como un papel que representamos y sólo aparece en nuestras relaciones sociales en la actuación pública” (pg. 85). La personalidad es algo que nosotros mismos construimos (como se reafirmará más adelante), y se puede decir que nuestra personalidad se moldea a las situaciones sociales preestablecidas.

Más adelante, se habla de las características del hombre y su escencia como ente individual, así como de todo lo que es de acuerdo a su personalidad: “Los matices de la personalidad se traslucen, sobre todo, en las cosas que el individuo selecciona y acota para formar un mundo propio”. De esta forma, “la persona es una categoría nueva, de orden más elevado que la categoría de sujeto”(pg. 88).

Retomando la construcción de la personalidad, se afirma: “La personalidad no es como pudiera suponerse, una estructura espiritual prefijada de antemano y representando, por decirlo así, una forma a priori de la acción. Es más bien el sentido de un proceso infinito que se mueve hacia una meta casi alcanzada” (pg. 89).

Conforme se avanza en la lectura, tenemos más delimitada toda la teoría sobre la personalidad: “El valor intrínseco del hombre, ese que no depende de ninguna circunstancia extraña, se mide por el grado de personalidad que es capaz de lograr .- Ahora bien podemos entender que es como la capacidad de auto-afirmarse como persona, dentro de los límites de la teoría.- Adquiere su rango moral hasta que actúa a impulso de la libre voluntad y vive de acuerdo consigo mismo” (pg. 91). Así que “la auténtica moralidad es sólo la que se vive de modo personal” (pg. 91)

El texto finaliza con unas cortas subdivisiones, una de ellas, habla de la personalidad como un deber. ¿Es un deber (en sentido ético)?

Finalmente, se concluye que tener verdadera personalidad permite actuar sin preocuparse por los convencionalismos sociales, a pesar de las “personalidades colectivas”, ya que “la personalidad tiene una vida que se expresa en rasgos análogos a los de una persona, pero esto se debe a que son personas las que actúan en representación de la comunidad” (pg. 95).

Reseña del texto:

Samuel Ramos, “Persona y personalidad”, en Hacia un nuevo humanismo, México, Fondo de Cultura Económica, 1940, pp. 84-96.

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El hombre libre

Por Claudia Silva

Éste capítulo es complejo debido al lenguaje técnico que es empleado, así como por los temas que son muy específicos en la filosofía, como la teleología. Así que a grandes rasgos se van a describir las ideas más importantes del autor acerca de la libertad.

Se comienza hablando acerca del determinismo propuesto por Kant, afirmando que de éste hay dos leyes, la ley natural y la ley moral. A mi parecer son muy distintas ambas, si es que la moral puede considerarse dentro de una ley.

Por otra parte, el autor menciona al filósofo Hartmann, que tenía la idea de que “la finalidad no es posible sino en un mundo causalmente determinado” (pg. 76), pero la justificación que veremos adelante no la considero convincente. Al recorrido de las palabras, uno puede confundirse: ¿Qué entiende el autor por determinación? Y así vemos que la causalidad es fundamental en el asunto. “Una serie causal, admite una determinación que le imprima un sentido (pg 76). ¿Es que la determinación o finalidad a la que se refiere tiene un sentido? Aquello suena al tema del destino, y así parecerá conforme se avance en el capítulo. De esta forma explica que la civilización ha impuesto una finalidad útil al hombre, pero, ¿cuál es?, y, ¿cómo puede afirmar que es útil? Entonces continúa “No existe, pues, el radical antagonismo que se suponía entre la causalidad mecánica y el finalismo” (pg. 77). Opino que no tienen que oponerse, mas eso no significa que si uno es el otro también deba serlo, como parece opinar el autor. Sin embargo, es cierto que los valores son ideales.

Tenemos finalmente su justificación: “Si admitiéramos por un momento que el mundo estuviera regido universalmente por una ley teleológica, de manera tanto en el detalle como en el conjunto tendiera a realizar un plan prefijado, se comprende que cada uno de los actos del hombre obedecería a una predestinación, y la libertad sería imposible” (p.77). Es difícil determinar mi postura puesto que no estoy convencida ni en el determinismo ni en su contrario, ya que; por un lado, creo que si el hombre estuviera predestinado, por lo tanto sus elecciones también (es decir, la libertad formaría parte también de el “plan prefijado”), y si no es simplemente porque las cosas ocurren sin finalidad alguna, independientemente del sentido que cada individuo le den a sus vidas.

Reseña del texto:

Samuel Ramos, “Hacia un nuevo humanismo”, en La crisis del humanismo, México, Fondo de Cultura Económica, 1940, pp. 74-83.

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Samuel Ramos, “El perfil de la cultura mexicana”, en El perfil del hombre y la cultura en México, Lecturas Mexicanas, México,  1987, 83-89 págs.

 Por Dafne S.

Una concepción acerca de la influencia europea penetra al pensamiento mexicano de “abandonar” su cultura, comparando y tratando de imitar otra cultura donde subyacen las raíces, más el mexicano no se detiene al intelecto donde podría abarcar una cultura viva y propia. Podría sonar hasta difícil el hecho de “propia”, pero uno es quien no le ha dado el lugar.

Escribe Bolívar, los americanos somos europeos de derecho¹. ¿A qué se refiere? Al hecho de que el “mexicano europeizante” no ha dejado por separado esa imitación, es como algo indispensable para la vida. Teniéndose o no una cultura que nos defina, sólo la podemos encontrar, hasta ahora, por un hecho histórico y el escrito constitucional; y, que por tanto, hay manera de que esto anule la mezcla para crear esto que llamamos “nacionalismo”, mandándola a “pintoresca”.
Algo que ha pasado en México, es la pérdida de una historia verdadera de la cultura mexicana, y esto ha causado el hecho de que éstos pierden la noción de tierra que pisan para modificar esa “verdad”, más, se tiene que volver sincero para valorar y aceptar la vida y el suelo en el que se tocó estar, sin avergonzarnos de nada; y somos nosotros quienes provocamos estos padecimientos porque aún mantenemos cegada la realidad con la vanidad.
¿De qué manera podemos hacer una introspección nacional? La única respuesta sencillamente va dirigida a la pasión.
Es decir, sólo podremos conocernos a nosotros mismo como individuos o como pueblo, cuando a nuestras pequeñas pasiones podamos oponer la gran pasión de la verdad, que es una forma de amor desinteresado hacia las personas y las cosas, reales o aún ideales; amor por el conocimiento cuyo símbolo mejor es el eros platónico. ²

Parte eficaz de la experiencia regía ante la magia por convertirla en idea, pero a esto una investigación científica quedaría sólo a un montón de documentos. Ya que, este “nacionalismo” es prejuicio de la mente del investigador, así que podría ser una forma de creer una “ciencia mexicana” sin necesidad del conocimiento de la ciencia universal. Por ello, todo esto va a una imagen orientada a la realidad con prejuicio; este orienta a un fenómeno en que se pueden encontrar cosas diferentes, en pocas palabras, se podría decir que el prejuicio es llevarse a la investigación científica.
Parte el saber, es un hecho de relacionar nuestra cultura sabiendo lo que ésta es, sin tener que coger las cosas extranjeras. Parte importante, es la educación que se imparta, ya que su papel está en el caso de desarrollar un espíritu individual y cultural; y transformarlos para ser capaces de tener un material de experiencias. El tener conciencia de la cultura, quitando la esperanza de pensamiento europeo, por el cual, le hace volver a la realidad para en un futuro crear una idea sincera de la cultura. Para México, es entender la cultura como algo a seguir, y tener la capacidad de expresar el alma, teniendo en cuenta que la cultura de la vida es algo que se debe separar. Y todo esto lo lleva a que el estudio de la juventud deba ser orientada para la voluntad y la inteligencia, para no caer en el juego de carecer de espíritu y menospreciar la tierra nativa.

Es verdad que, se desconoce la cultura mexicana, de manera que a lo largo del tiempo, hay cosas de la historia que no se han narrado de manera que uno como mexicano pueda entender el valor de la tierra natal y la cultura que, antes de la conquista, se establecía. Y claro que podríamos hacer de ella algo mejor sin quitar la cita de Bolívar, pero menospreciamos el intelecto y el ambiente que diferimos a otros puntos ciegos.

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¹ pág. 83
²pág 85

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Por Dafne S.

Samuel Ramos, “El abandono de la cultura en México”, en El perfil del hombre y la cultura en México, Lecturas Mexicanas, México,  1987, 76-82 págs

Cuando hablábamos de la idea del mexicano por volverse europeo por excelencia, conlleva a que éste abandone sus raíces y su cultura para entremezclarse y preguntarse si Europa es el verdadero origen del pensamiento mexicano.

El desarrollo de la juventud es atender al pensamiento en una filosofía espiritualista para la oportunidad de hallar ideas y explotarlas, más esta idea es una cuestión cultural que se dejó de ser. Vasconselos plantea la educación popular y lleva la cultura a otro cambio importante. Una revolución de enseñanza en la que constataba un estudio de primaria, secundaria y técnica para el interés de los estudios universitarios. A pesar de una idea racional y necesaria, el poco interés intelectual manifestó un mal estar a los principios educativos tradicionales. Esto en 1920 fue la caída del interés mexicano por ejercer un estudio universitario, llevándolo a la “envidia intelectual extranjera”. Fenómeno universal como Curtis dice: “abandono de la cultura”.
La enseñanza es la acción útil, más el adquirir un saber inmediatamente para una relación a la vida, que el pragmatismo y vitalismo han ejercido en estos fenómenos culturales la relación del campo de la cultura y descubrir el origen psíquico de los acontecimientos.
Aunque, una forma de vida individual presente serviría para un futuro que, estos planes de educación dejaron de tener la importancia intelectual y se volverían el instinto justificable de la transformación social en México.
Variando, el mexicano sólo quiere buscar el conocimiento en el extranjero, Europa como modelo perfecto de educación, por la cual se olvidan de su patria; en una segunda instancia, el mexicano descubriría lo que le rodea y lo importante en su país existía, y así, el interés europeo disminuye.
En México se iniciaría un nacionalismo que sólo era evitar la influencia europea sobre éstos, privándole de influencias espirituales  que el alma requiere como parte vital para su existencia. Aunque suceda esta idea europeizantes, el mexicano renuncia a toda su idea transformándola.
Retomando esta idea universitaria que, en vez de enriquecer el alma y el conocimiento, sólo te llenas de meros instintos que, al final, terminaría por volverte una máquina a disposición. Ya sea por esto de la especialización técnica que sólo te da el rumbo de una ambición material. Al ser así, se vuelve autónomo y por ello que al defenderse de una civilización, es sólo una manera de hacer un hombre perfecto autómata que no tiene voluntad, ni inteligencia, ni sentimientos, es decir, sin alma.

Es verdad que muchos mexicanos decidan migrar hacia otros lugares planificando su vida académica, pero parte de esta especialización si resulta ser algo que deja de tener un alma porque sólo te dedicas a una serie de monotonía, aunque sea algo que te guste, simplemente en cuanto a algunas especializaciones técnicas te vuelves un medio productivo, dejando a un lado la importancia del saber cultural y la convivencia con éste.

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¿Valores morales?

IMG192-01Samuel Ramos, “Hacia un nuevo humanismo”, en La crisis del humanismo, México, Fondo de cultura económica, 1940, pp.69-73.

Por Claudia Silva

¿De dónde viene el deber? “El deber es una dimensión del valor, en cuanto que éste atrae la voluntad para ser realizado”, dice Samuel Ramos, “Kant considera a la moral como un fenómeno racional e impone al deber un sello lógico. Nosotros consideramos la moralidad como un hecho sentimental donde el deber sólo tiene sentido como referencia a un  fin reconocido como valioso” (p. 69). Esto quiere decir que el autor supone que la idea de Kant sobre el deber y la que él tiene son contradictorias. ¿No se usa la razón para el deber, y no se deben únicamente cosas valiosas? No podría refutar la opinión del autor, aunque ocurra comúnmente.

Pero acerca del deber, según estos pensamientos, está relacionado con lo que es la moralidad. Nuestro autor dice “la verdadera moralidad sólo puede estimarse conociendo el interior de cada hombre”. ¿Es que hay una verdadera moralidad? Me parece un tema muy subjetivo como para poder contestar afirmativamente a la pregunta. Por otra parte, se define la actitud moral como la elección por ceder o reprimir nuestros impulsos naturales. Pero, ¿No hay un balance entre éstos? Según nuestro autor, dicha actitud moral es al que determina los fines de la vida, lo cual supongo también que es un tema subjetivo ya que es algo que cada persona construye, y de forma distinta.

¿La cultura amplía nuestros horizontes? Depende que se comprenda por “cultura”, ya que estamos entendiéndola por ahora como la sabiduría. De acuerdo con el autor, “No se puede ser moral mientras no se es culto”, y culto es definido como el sentido “justo de los valores”. ¿Cuál es el sentido justo de los valores? Quien no los tiene, por más sabio que sea, no es culto según éstas ideas.

Sin embargo, me parece cierto que “nada puede ser considerado como malo o desprovisto de valor. Todo fin tiene valor positivo por insignificante que sea. Los conflictos morales no consisten en la alternativa del bien y del mal, sino en una concurrencia de objetivos, con valores de diferente grado” (p. 71).

Finalmente, me parece que es contradictoria la afirmación de que existe un “Bien por excelencia”, un “fin último”, ya que si no existe el Mal como tal, tampoco ha de existir el Bien en su totalidad.

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